¿Llenará Cataluña la agenda electoral?

Dos años atrás la secesión catalana (llámenla como quieran, sedición, rebelión, revuelta, asonada, motín, alboroto, tumulto…) ocupó la agenda política desplazando cualquier otro problema. Fueron varias semanas de desasosiego a las que puso término el discurso del Rey el 3 de octubre. La consecuencia de aquello tendrá un nuevo episodio estos días con la sentencia del Supremo y, sobre todo, con las respuestas a la sentencia de los sediciosos, de los independentistas.

Que el calendario haya hecho coincidir este caso con una campaña electoral agónica como la actual es fruto del azar y de la necesidad y consecuencia de una etapa de debilidad política, de agotamiento del modelo bipartidista de la larga etapa constitucional (40 años) que no ha sido sustituido, todavía, por otro modelo capaz de generar la estabilidad política que dio el anterior.

Hay pocas dudas de que la eclosión independentista coincide con gobierno distraídos, débiles, apaciguadores y, probablemente, ignorantes y perezosos. Tanto Zapatero como Rajoy, por distintas razones y talantes, entendieron mal el caso catalán y lejos de amansarlo consiguieron excitarlo. Ahora no hay motivos para pensar que Sánchez vaya a ser coherente, firme y determinante; Sánchez tiene un guardarropa bien nutrido de máscaras a la hora de actuar y de interpretar la política en cada momento.

Los independentistas pretenden ocupar toda la agenda, que su problema sea el problema de los demás, que la crisis catalana sea la de España e incluso la de Europa. Quieren ser Hong-Kong, Eslovenia, Kosovo, Escocia, Quebec, Irlanda, Lituania… todo al tiempo y parecerse a Gandhi, a Rosa Park a Mandela… en resumen que no se hable de otra cosa que de su obsesión.

El calendario (azar) les ayuda, las movilizaciones que consigan estos días (y no serán pocos los intentos) van a coincidir con una campaña electoral áspera, en la que los candidatos no van a dudar a la hora de echar el caso catalán a la cabeza de sus adversarios. Si las asonadas catalanas además de perturbar a los catalanes lo hacen al resto de españoles, la campaña electoral tomará un derrotero imprevisible. Si la agenda política se llena de Cataluña el ánimo de los electores el próximo 10 de noviembre puede ser imprevisible.

Durante las últimas horas se percibe un estado de opinión en el sentido de que el caso catalán va a durar, que los acuerdos negociados son improbables mientras siga al frente el personal que hoy comanda las actuaciones y que, por tanto, habrá que conllevarlo con firmeza, lo cual puede alentar acuerdos y coaliciones que ayer parecían imposibles.