Tráfico en Madrid: pellizcos de monja

A finales de los sesenta (1969 o 70) iniciaba mi vida profesional en el periodismo con veinte años y la carrera a medias, cuando la providencia me sonrió con el encargo de escribir, con un par de colegas, una página semanal sobre urbanismo en el diario Madrid. Lo hicimos con pasión, nos pagaban bien y aguantamos hasta que el gobierno cerró el periódico. Disfrutamos ya aprendimos. Uno de los temas calientes del urbanismo madrileño en aquella época era el tráfico, los atascos, y el ayuntamiento de la época (alcalde ¡Carlos Arias Navarro!) lo combatía con pasos elevados (Atocha, Cuatro Caminos…) y algunas calles peatonales, en concreto Carmen y Preciados. Se armó la mundial con aquel cierre al tráfico de dos calles cortas pero centrales en el eje Sol Callao. Vecinos y comerciantes protestaron con furia, ¿Qué harían ahora si el Ayuntamiento decidiera devolver el tráfico a ambas calles?

Viene a cuento este preámbulo para anotar que lo de los atascos (ahora con el agravante de la contaminación) es un tema viajo, crónico y que solo tiene una solución: restringir el tráfico, prohibir. Ante la ausencia de oferta (calles) solo cabe reducir la demanda (coches). Lo que no sea eso son vacilaciones, parches, aplazamientos… en resumen, chapuzas. De entonces acá se ha avanzado en peatonalización y en restricciones, pero a paso de tortuga.

El Ayuntamiento anterior, el de Carmena, con militancia ecológica, puso en marcha la llamada operación Madrid Central para reducir el tráfico en la almendra central de Madrid. Una medida parcial, para salir del paso, aunque mereció mucha literatura y algo parecido a un debate de ruido. La oposición, que hoy está en el consistorio, criticó la medida porque sí, porque la tomaron los otros. Y prometió revertirla.

Llegada la hora de cumplir la promesa les temblaron las canillas y empezaron a remolonear, a decir que sí, pero no, aunque quizá de otra manera. Finalmente han hecho su propuesta que es como lo que había con algunos matices que cambian muy poco y, probablemente, a peor.

En el centro de Madrid no caben los coches; la contaminación es un problema objetivo y la única solución efectiva es reducir el tráfico dando más espacio y frecuencias al transporte público no contaminante y menos (casi nada) al tráfico privado, que debe quedar limitado a situaciones de necesidad. Es algo que ha funcionado bien en otras ciudades pero que requiere determinación, firmeza y dejar que el tiempo demuestre que es lo correcto. Ni este Ayuntamiento ni el anterior están por las medidas radicales, decisivas, quieren soplar y sorber sin darse cuenta que no satisfacen a nadie, que no resuelven el problema, que solo lo aplazan.

La almendra de Madrid (una almendra grande, hasta las rondas) tiene que desalentar el tráfico, de llegada y de tránsito. A favor tiene un trasporte público bueno que sería excelente si dispusiera de más espacio. Lo que han hecho hasta ahora son pellizcos de monja sin imaginación, sin talento, sin futuro.