Las expectativas de Casado no son las de abril  

Para las elecciones de abril había un perdedor inicial indiscutible: Pablo Casado, recién llegado a la cúpula del PP en un momento crítico: tras el fracaso de Rajoy y la emergencia por sus costados de Ciudadanos y de VOX. Las apuestas eran muy desfavorables y eran pocos los que apostaban por la supervivencia del joven político del PP que se  desgañitó en la campaña para taponar boquetes, especialmente el de su derecha. Los de Ciudadanos aspiraban a desbordar al PP y ganar la condición de líderes de la oposición. Poco les faltó para lograrlo, quizá con una campaña más sosegada e inteligente Albert Rivera pudo haberlo logrado, pero no ocurrió. En la otra banda los de Vox aspiraban a algo parecido, romper al PP por las cuadernas, asimilar a su militancia y la base electoral y ocupar buena parte del espacio tradicional del PP.  Tampoco lo lograron.

Seis meses después el panorama ha cambiado sustancialmente. Casado encontró el suelo del PP y ha aguantado el desastre; incluso ha logrado equilibrar la barcaza del partido en Génova sin recurrir a un ERE doloroso y frustrante. Al PP le queda desgaste por asumir, un montón de pleitos; pero cada día parecen más pasado que presente, un pasado que puede dejar a Casado un mayor espacio, las manos más libres.

En vísperas de las nuevas elecciones es Pablo Casado el que disfruta de unas expectativas menos malas de todos los candidatos, incluido Pedro Sánchez (aparente ganador de la partida) que, a medida que avanza los días, teme por un resultado menos favorable de lo que imaginó.

Vox tocó techo en abril y desde entonces sólo retrocede por la lógica del voto útil y por la propia irrelevancia de su mensaje. La inmigración no es tema candente en España en estos momentos, la seguridad ciudadana tampoco y sobre la cuestión catalana hay mucha competencia en cuanto a españolismo. El caso de Ciudadanos es parecido, Rivera sufre desgaste de materiales y de discurso. No ha conseguido su objetivo y ha fallado en los pronósticos; además en su partido se nota demasiado guirigay interno, que es de lo más inconveniente para una campaña electoral. En la peor de las hipótesis Casado saldrá mejor de la elección de noviembre que de la de abrir, mientras que los que compiten en su espacio tradicional van a menos.

Al otro lado Sánchez aparece como claro ganador… aunque no tanto como necesita. Puede resultar víctima de sus propias tácticas. Es obvio que ha debilitado a su “socio preferente” pero con un desgaste que también le afecta, ya que entre unos y otros no hubo manera de formar gobierno de izquierdas y la factura la pagarán todos, aunque sea de forma desigual. Y luego está el factor Errejón, que puede ser una estrella fugaz, mera cohetería, o otra alternativa para debilitar a toda la parroquia.