La economía se desinfla más rápido de lo esperado

No ha acabado el trimestre y el Banco de España advierte que el crecimiento va a menos, que si en junio dijo que el crecimiento del año alcanzaría el 2,4% (dos décimas más de las estimaciones del gobierno) ahora advierte que se quedará en el 2%... y bajando; y que para los dos próximos años estima que la tasa será unas décimas más bajas.

La experiencia nos dice que la sensibilidad al ciclo de la economía española es más acusada que las de otros países de la eurozona, tiende a crecer más que los otros en la fase alcista pero a retroceder también más en la fase bajista. El punto de ganancia anual que viene registrando el desempeño español durante la fase de recuperación (va para seis años) puede esfumarse en breve. Los comportamientos del pasado no se traducen con fatalidad hacia el futuro, por el camino hay cambios de estructura y de modelo y también influencia por las políticas monetarias, fiscales, estructurales e incluso por los estados de ánimo.

Un cambio importante en la economía española durante lo que va de siglo se nota en las exportaciones. Que España se haya convertido en uno de los principales exportadores de Europa, a la zaga de Alemania, significa un acontecimiento, un cambio sustancial que supone fortalezas y debilidades; una mayor dependencia del exterior, no controlable, y un mayor efecto tractor cuando las economías van a más.

Del retroceso en las estimaciones tiene mucha culpa el debilitamiento de las exportaciones que tiene que ver con factores geopolíticos (guerras comerciales) y cambios sectoriales, por ejemplo el freno en el sector del automóvil. El crecimiento se sostiene por la demanda interna, por el consumo nacional, por la inversión, que se viene recuperando tras la catástrofe de la década anterior y también por un mayor consumo público, sustentado en un déficit que los mercados financian con confianza y naturalidad.

Pero todos esos factores pueden convertir las lanzas en cañas, empezando por la inversión pública, que en el caso español puede tropezar con la barrera de una deuda excesiva. Sostener hoy que se pueden rebajar impuestos es irresponsable a falta de detalles muy precisos sobre el cómo, el qué, el cuándo… con qué expectativas y con qué exigencias y limitaciones. Y sostener, sin detalles, que se pueden subir los impuestos con el actual modelo es tan irresponsable como lo anterior.

Lo que procede es reformular, modernizar, actualizar… el sistema fiscal (también el de cotizaciones de la Seguridad Social) porque ambos están en situación de agotamiento y de insuficiencia. Las reformas debieron hacerse en la fase alcista del ciclo, a lo largo de los años perdidos de las dos legislaturas anteriores (2015-18). No se hizo por cobardía, por incompetencia y por desidia. El Informe de los expertos que recibieron Montoro-Rajoy fue al cajón del olvido sin debate ni difusión; y otro tanto sobre las cotizaciones sociales. Ahora, con una economía a la baja todo será más difícil. Y con gobiernos débiles y distraídos, se convierte en imposible.