El factor humano: psicología y política

Las ciencias sociales (la política y la economía entre ellas) son imprecisas e impredecibles, ciencias mestizas que toman herramientas y métodos de otras ciencias, desde las matemáticas y la estadística al derecho y la historia. También a la psicología, al factor humano. Que las personas influyen en la decisión política, está suficientemente acreditado. ¿Qué hubiera pasado si Churchill, o Napoleón o Stalin no hubieran estado donde estuvieron y no hubieran impuesto su criterio?

La historiadora canadiense Margaret MacMillan tiene un interesante estudio (libro publicado por Turner el 2017) “Las personas en la historia, la persuasión y el arte del liderazgo”, en el que repasa varios casos prácticos de personas que hicieron historia, el “factor humano”. Destaca en cada uno de ellos actitudes que van de la arrogancia a la osadía pasando por la curiosidad.

Para analizar la situación política española actual el factor humano me parece relevante, decisivo, aunque lo sea sobre la mediocridad dominante, los “adolescentes del Ferrari”, en feliz expresión del presidente de Galicia.

Lo que vaya a ocurrir esta semana, durante las horas inmediatas, respecto a la posible investidura no se puede apreciar en base a la lógica o el interés político e ideológico de los protagonistas sino sobre su psicología, sobre las pulsiones de cada uno de ellos, especialmente de los que más se mueven: Rivera, Sánchez, Iglesias. El caso de Casado me parece que va por otra vertiente más pausada, más previsible.

Las iniciativas, los movimientos, las ofertas de cada uno de ellos conviene verlas a la luz de su psicología. Pretender coherencia personal puede llevar al error, los tres son bastante líquidos, coyunturales, incluido Iglesias que acumula el estilo de los comunistas recientes a los que se les cayó la hoz y el martillo a cada pie, sin que eso les haya modificado el catecismo. Los otros dos son mucho más eclécticos y posmodernos.

Es lógico que las posiciones políticas cambien cuando cambian los hechos, pero el repaso y los planteamientos que Sánchez, Rivera e Iglesias han formulado a lo largo de los últimos cuatro años se resisten al calificativo de coherencia. Del Iglesias de 2015 al actual hay un largo camino, con varias caídas del caballo no reconocidas por el artista y, por ello mismo, poco meditadas. El salto de crítico del poder y de la “casta” al abrazo a ambos concepto ha sido radical, sin reservas. Los otros personajes, Sánchez y Rivera, son más líquidos, no vienen de disciplinas tan recias como la comunista, están donde están, pero no donde estaban ni donde estarán cuando toque. Podemos decir que sus destinos son inescrutables.

¿Qué van a decidir ahora y en el futuro más inmediato? Sospecho que ni ellos lo saben, depende de las circunstancias, de lo que hagan los otros, de cómo vengan las cosas. Semejante pragmatismo puede ser útil para la política pero es incompatible con la previsión, la confianza o la lealtad.

¿Habrá investidura? Pasado mañana se lo diré, depende de la psicología de los protagonistas de la obra, que es mudable, acomodaticia, entre dura y blanda según la hora.