Dos días de conversaciones en Zarzuela

El Rey, en sus cuatro primeros años de ejercicio de Jefe del Estado, ha pasado por cuatro rondas de consultas con los partidos para formar gobierno, sin apenas cambio de interlocutores (Casado por Rajoy) y algunos regionalistas y siempre con resultados de frustrantes a mediocres. Una intensa experiencia que proporciona aprendizaje; D. Felipe ya conoce de primera mano a todos sus interlocutores y con todos ellos, incluidos los separatistas, habrá construido alguna complicidad que reste solemnidad y protocolo y añada alguna simpatía, siquiera sea respeto institucional.

Empiezan ahora dos días, en sesiones de mañana y tarde, para que los dirigentes le trasladen al Rey información y opinión. Del Rey va a salir poco, simplemente el encargo (o no) a uno de sus visitantes (Sánchez) para intentar una investidura. No es probable que el Rey traslade a sus interlocutores información que ellos no tengan, no es posible que el Rey pueda desbloquear los nudos que impiden algún acuerdo.

De estas dos sesiones lo interesante está en las declaraciones que formulen los visitantes en sus conversaciones con el Rey. No es probable que añadan algo distinto a lo que vienen diciendo las últimas semanas, pero habrá matices para incentivar el acuerdo o para tomar posiciones electorales a siete semanas de otra cita electoral.

Lo mejor de esta peripecia es que tiene fecha de caducidad, si el jueves no hay señales de que puede salir adelante la investidura, las elecciones serán inevitables y empezará el trabajo para evitar que un buen número de ciudadanos se sume a la abstención por aburrimiento, decepción e irritación. Las encuestas apuntan a que millón y medio de electores potenciales están entre esos desanimados, y su decisión incidirá en el resultado final y en el reparto de fuerzas.

¿Qué electores están más desanimados y cabreados? Hay opiniones para todos los gustos y razones en todas las familias para apuntarse a esa alternativa. Todos los líderes han decepcionado a lo largo de estas semanas, ninguno ha satisfecho expectativas. Entre la base socialista hay decepción e inquietud aunque les sonríen las encuestas. Otro tanto entre los simpatizantes de Podemos. También muchos de los que votaron a Ciudadanos-Rivera se preguntan si su voto sirvió para algo o ha producido los resultados que esperaban. Y en el PP la renovación no ha calado y las contradicciones se notan aunque todos muestran respeto por el nuevo y joven líder cuyo futuro es incierto.

De las conversaciones en Zarzuela sabremos poco porque siempre faltará la versión de una parte, obligada a la discreción por la propia naturaleza de su función. ¿Influirá en alguno de los dirigentes? No es probable, todos ellos van con un guión cerrado. De manera que dos días de liturgia, de formalidades que deben trasladar cierta sensación de normalidad; pero nada más; ni menos.