Sánchez va de lo irrelevante a lo arrogante

El acontecimiento de la jornada fue que el equipo de baloncesto de Francia venció al de Estados Unidos, que no era lo esperado, aunque algunos apuntaron que era posible (pero poco). Los políticos españoles de moda, los que pretenden ocupar el gobierno (Sánchez e Iglesias), son apasionados del baloncesto y estos días han estado atentos a lo que pasaba en China sin que se les haya contagiado el virtuosismo, la entrega del equipo español, el francés, el argentino o el australiano.

El debate del pleno de la agónica XII legislatura (y van tres que concluyen antes de empezar) sobre el contenido de las últimas cumbres europeos resultó tan previsible como decepcionante. Fue calco de otros debates, con otros formatos, entre los cuatro (ahora cinco) gallitos de la política. Ninguno se ha movido de su posición, a ninguno se le ha ocurrido ninguna iniciativa inteligente, ni siquiera astuta. Es cierto que unos tienen más margen que otros, pero nada pasó durante la sesión.

Con Sánchez me ocurre que escucho sus intervenciones con papel y lápiz (o teclado de pantalla), dispuesto a anotar lo que me parezca interesante, trabajo elemental de periodista, y cuando acaba el discurso el papel está en blanco: nada me ha interesado, apelado o llamado la atención. Nada me parece noticioso. Nada que no supiera. Ayer, por ejemplo, dedicó muchos minutos a relatar las decisiones de los últimos consejos, la composición de la nueva Comisión Europea. Pero todo era conocido, versión oficial e interesada. Y sobre el resto de los temas de la agenda europea (flujos migratorios, presupuestos…) desgranó los tópicos habituales, con generalizaciones y superficialidad decepcionantes.

Se lo reprocharon buena parte de los portavoces de los demás partidos, incluidos los que simpatizan con Sánchez, más por interés que por otra cosa. Tampoco los otros portavoces aportaron alguna idea luminosa para anotar y meditar, pero no era a ellos a los que corresponde proponer. Para agudizar la decepción la portavoz socialista se deslizó hacia el elogio al líder con una desvergüenza que debía abochornar a elogiado.

La irrelevancia se convirtió en arrogancia en el turno de respuesta a la oposición, incluido Pablo Iglesias, que hizo una intervención moderada y amable para recibir una respuesta destemplada que me parece tan inútil como innecesaria. Hay veces que el silencio es más severo que las palabras, es decir que Sánchez queriendo desmerecer a Iglesias logró lo contrario.

Los ataques a Rivera y Casado no fueron una sorpresa, es lo acostumbrado, pero con una arrogancia desmedida, casi ensañamiento aunque fueran dardos de papel, inofensivos. Lo más inquietante me pareció la aproximación a la situación económica, me recordó al Zapatero que prohibió la palabra crisis, un error que le acompañará toda la vida para vergüenza propia y de su gobierno. Sánchez incurrió en la misma lógica equivocada y peligrosa: “no pasa nada, si pasa no importa, los problemas son de otros”. Y tiene razón en que la economía crece, pero no puede perder de vista que con crecientes amenazas que para evitarlas hay que prevenirlas. Y de eso nada.

En resumen que Francia ganó a Estados Unidos, es decir que es posible que no ocurra lo esperado; es decir que a lo mejor tenemos un buen Gobierno en breve, que la tostada no siempre cae del lado de la mantequilla.