Repartir instituciones y averiar la democracia

La política española va entre regular y mal, lo dicen los ciudadanos en las encuestas. La propia quiebra del modelo bipartidista que dio estabilidad al modelo constitucional de 1978 es el mejor ejemplo del deterioro del sistema. La aparición de nuevos partidos y los resultados electorales que se repiten desde finales de 2015 son otra de las manifestaciones de la crisis. ¿Cuál es la raíz del mal? Básicamente el deterioro de la calidad de la democracia que tiene una causa evidente: el extraordinario poder de los partidos que se han apoderado del Estado, que hacen mangas y capirotes de la división de poderes y hasta del “Estado de Derecho”.

Una de las manifestaciones de ese poder de los partidos es el sistema de reparto por lotes del control del poder judicial y de las instituciones de control y regulación encomendadas a organismos con perfil independiente, sin obediencia directa (o indirecta, pro agradecimiento) al poder ejecutivo, es decir al partido de gobierno y a los de la oposición que obtienen su parte en el reparto.

No solo limitan el equilibrio de poderes, el juego de los contrapesos, sino que además incumplen flagrantemente el espíritu y hasta la letra de las leyes que crean y regulan esas instituciones. El sistema de lotes por partidos con representación parlamentaria para designar los responsables y gestores de la CNMV, del Banco de España, de la CNMC, de RTVE, Defensor del pueblo… supone una avería de la democracia, debilita el funcionamiento de esas instituciones y propicia el abuso de poder.

Regenerar la democracia pasa, necesariamente por reducir el poder de los partidos y desterrar ese sistema de lotes partidistas y clientelares. Pero no van las cosas por ese camino, todo lo contrario.

Con asombrosa desvergüenza el partido que pretende gobernar en minoría rechaza compartir el gobierno con sus socios pero ofrece compensarles con lotes en las instituciones. ¿Si no les quieren al lado… cómo es que les mandan a espacios de poder compensatorio que requieren idoneidad e independencia política? ¿Es por ignorancia o será mala fe? Si el modelo actual de lotes es deficiente, incluso ilegal, reforzar esa anomalía con una prima a uno de los partidos para seducirle a la hora de la investidura resulta asombroso. Frente a un ministro díscolo o desleal, el presidente del gobierno tiene la facultad de destituirle de inmediato. Pero frente a los titulares de instituciones esa facultad decae por imperativo legal. A las instituciones se accede con plazos tasados, con autonomía e independencia. La oferta de los socialistas a Podemos es poco comprensible, quizá sea que esconde algún tipo de truco o de trampa.