Boris y Matteo ¿errores de cálculo?

Boris Johnson amenaza a los diputados de su partido con convocar elecciones inmediatas (y apearles de las listas) si no apoyan su calendario de salida de la Unión Europea. La audacia de Boris (y desvergüenza) son de sobra conocidas, tanto que incluso hace gracia más allá de sus partidarios por lo que tiene de heterodoxo. De Boris se puede esperar cualquier cosa, entre lo brillante y lo ridículo, lo tiene acreditado desde hace décadas y ha sacado buenos réditos de esa veta imprevisible y caprichosa. Es persona desordenada pero con un ego monumental que no le ha impedido conseguir sus objetivos políticos hasta alcanzar el despacho de primer ministro británico, el de su biografiado W. Churchill.

Boris reclama a sus diputados que le dejen negociar con la unión, que le aguanten el órdago de la salida no negociada, porque es la garantía de que los europeos negociarán a última hora. Pero hasta ahora, a siete semanas del último plazo previsto, los europeos no han pestañeado y los británicos sienten cada vez más escalofríos para el otoño.

La semana pasado Boris subió la apuesta limitando el margen de actuación del Parlamento por el procedimiento de mandar a los diputados de vacaciones cinco semanas. Y esta semana reta a sus diputados para que le apoyen o tendrán que ir a elecciones anticipadas sin el apoyo del partido. Queda claro que el primer ministro, que llegó al cargo sin pasar por unas elecciones, mediante motín en el partido, está decidido a utilizar todas las armas que le otorga las leyes y costumbres del Reino Unido: de suspender las sesiones del parlamento a disolverlo.

La determinación de Boris se parece a la de otro de los políticos europeos populares y populistas de estos momentos: el italiano Matteo Salvini, que empezó el verano como ministro del Interior, vicepresidente y jefe del partido con mayor intención de voto y puede acabarlo, sentado en la oposición y sin elecciones a la vista. Un error de cálculo de Matteo, que como Boris, se cree el más listo, el más audaz, el más popular, el tocado pro los dioses para dirigir su país. Salvini se pasó de frenada y calculó mal la firmeza y la determinación de sus adversarios.

Boris Johnson está en trance de emular a Salvini y pasarse de frenada en sus pretensión de ganar las elecciones y consolidar un Partido Conservador a su medida en el gobierno. Su objetivo final es el poder indiscutible y para eso su táctica pasa por el divorcio con la unión Europea. Sin divorcio su liderazgo se vendría abajo, y en esa clave hay que interpretar sus actuaciones recientes.

¿Van a soportarlo los sectores conservadoras británicas que no quieren un divorcio sin acuerdo? A su favor cuenta la debilidad de los otros partidos, empezando por el laborismo, que sufre por un liderazgo sin lustre ni proyecto. Pero todos los audaces se encuentran con sorpresas no previstas. Cuando Boris sube la apuesta amenazando a sus diputados puede que haya alcanzado los límites que confiaba desbordar.

En el corto espacio de semanas dos de las estrellas populistas del panorama europeo, Boris y Matteo, pueden tropezar con limitaciones insalvables.