El Gobierno prueba la medicina del control en el Congreso

El Gobierno pudo comparecer por propia iniciativa en el Congreso para dar explicaciones sobre la política migratoria (¿la tiene’) tras la peripecia del “Open Arms”, pero tuvo que ir forzado por la oposición. Perdió iniciativa. Pudo ir al debate con alguna conversación y entendimiento previo con algún grupo, por razones de eficacia y pragmatismo; pero no siquiera lo intentó. De manera que recibió un varapalo por parte de todos los grupos desde la extrema derecha (que acreditó su posición hasta la náusea) y de la extrema izquierda que amparó en sus intervenciones en todos los tratados internacionales sobre derechos humanos, todos ellos de profunda raíz democrática y occidental.

A pesar de todo esto la vicepresidenta Calvo me pareció la triunfadora de la sesión. Su intervención inicial fue clara, precisa y coherente. Trató de justificar la existencia de una política migratoria, aunque sea en fase de diseño, y de argumentar las actuaciones de estos días con el Open Arms. No convenció a nadie (excepto al diputado cántabro), pero encabezó un debate complejo, relevante y que merece más debates semejantes, con más profundidad y concreción, es decir con estrategias definitivas y medidas concretas.

A destacar tres intervenciones, para bien y para mal. La del jefe de VOX fue estruendosa, repleta de tópicos, exageraciones, falacias y ofuscaciones. La extrema derecha en plenitud. Va a poner muy difícil a Ciudadanos y al Partido Popular cualquier pacto político. Abascal dijo lo que piensa (poco) y lo que aprende de sus socios húngaro e italiano.

Intervención interesante fue la de Inés Arrimadas: consistente, severa, seria, bien argumentada; una intervención que indica que hay amplio espacio al entendimiento con los demás grupos, incluidos los de Podemos, tal y como reconoció su propia portavoz. Arrimadas se estrenó en el Congreso con buena nota.

Dos intervenciones desenfocadas fueron las de la portavoz popular, Cayetana A. de T. se estrenaba y no quiso perder la oportunidad de mostrar su carácter arrogante, incluso supremacista. La más lista. Su objetivo era ir a la yugular de la vicepresidenta, más que razonar sobre el tema de debate. Mal estreno que anuncia poco bueno para el futuro. Carmen calvo la replicó con tanta contundencia como desdén.

Otro tanto para el portavoz socialista, el diputado Simancas, que se fue a la yugular de Podemos y de los demás grupos cuando no venía a cuento. Pudo cerrar el turno con una intervención de guante blanco, de mano tendida, pero optó por la línea jabalí… ellos sabrán.

 

Un debate interesante, que acredita que el Congreso es un espacio válido, que debe frecuentarse más y que puede ayudar al entendimiento y a las explicaciones. Algunos fueron al reproche y a un cuerpo a cuerpo innecesario, en vez de al consenso y hasta el acuerdo. Al menos se escucharon argumentos y algunos pocos datos.

Como es habitual las tandas de aplausos de oficio a cada orador por parte de los suyos, sobre todo la otorgada a Simancas con su parroquia en pie, dicen poco de la calidad intelectual de esta tropa.

Y como claros ganadores del debate dos ausentes: Salvamento Marítimo, entidad pública creada el año 1992 en el Ministerio de Fomento, y la Cruz Roja.