Macron amansa la fiera y sale airoso de Biarritz

Los pronósticos para la 45ª reunión del G7 en Biarritz eran sombríos: un frac aso anunciado con espectáculo poco ejemplar. Por un lado los antisistema pretendían ocupar los noticiarios y desacreditar las conclusiones de la cumbre y por otro, los díscolos encabezados por Trump y su acólito británico Boris Johnson, cuyo interés por la cumbre era lo más cercano a la nada. Al otro lado la canciller alemana en horas muy bajas, el primer ministro italiano dimitido y de salida y el presidente del Consejo Europeo en fase final de su mandato.

Con esos mimbres el gasto le correspondía al anfitrión, el presidente Macron que es un político recién llegado y con desgate acumulado. Pero concluida la reunión los resultados son mucho más tangibles y positivos de lo esperado. La cumbre ha cumplido con rigor y sin estridencias el programa previsto y ha llegado a conclusiones que en nada desmerecen a cualquiera de las otras cumbres semejantes de los últimos años.

La organización acreditó que los franceses saben organizar este tipo de reuniones y crear climas agradables a los líderes. La gastronomía ha sido excelente (¡francesa! y los vinos locales (amenazados por aranceles disuasorios en EEUU) además de conjurar la amenaza deben haber contribuido a la concordia, aunque dicen que Trump es abstemio (solo Coca Cola).

El presidente Trump llegó a “tuit” batiente con amenazas proteccionistas (arancelarias) inmediatas que tambalearon los mercados y descalificaciones tronantes contra su Reserva Federal que llevaban a temer lo peor. Pero el presidente que vuelve a Washington sale calmado y con promesas negociadoras con los chinos y hasta con los iraníes, que han sido invitados sorpresa de Macron.

¿Qué le da Macron a Trump? No es la primera vez que lo serena y le fascina con el brillo de la corte republicana. Eso no significa nada ya que el extravagante 45 Presidente de los EEUU puede volver a encadenar sus frecuentes mensajes amenazantes contra todo aquello que le molesta en este mismo momento.

No se esperaban declaraciones importantes de la cumbre, con celebrarse sin incidentes era suficiente. Pero hay documentos, compromisos y propuestas que justifican la reunión y que se mantenga el formato. El próximo anfitrión será, precisamente, el presidente de los Estadios Unidos, previsiblemente en sus posesiones en Florida y seguramente con intención de desplegar una “grandeur” que asombre incluso a los franceses.

Macron sale reforzado como líder global con capacidad para convocar, para recibir, para proponer y para ser escuchado. El despliegue de las fuerzas del orden (incluida la policía española) ha sido tan eficaz que desanimó a los insurgentes que desconvocaron sus manifestaciones. Entre las propuestas a los socios y a los demás países hay recomendaciones sobre los derechos de la mujer, la igualdad, el medio ambiente y la protección del Amazonas. Los escépticos de políticas multilaterales y cooperación internacional no pueden mejorar su argumentario tras la reunión de Biarritz. La cumbre no es la panacea, pero puede ayudar a evitar ir a peor.