¿Alguien conoce la estrategia migratoria española?

¿¿Tiene el gobierno español una estrategia migratoria? ¿La tuvo en algún momento? No es fácil responder a ambas preguntas; no parece que exista hoy una estrategia, ni que cuente con autor y ejecutor más allá de la prsion de la urgencia y la actualidad. Hubo un tiempo, en concreto la etapa de Rubalcaba en Interior (y Vicepresidencia) que sin ser demasiado explícita y explicada (los asuntos delicados se llevan con discreción) se notó una estrategia de acogida, por un lado, también de gestión del registro y documentación de los migrantes (que significa una fase crítica) y también de contención en los países de origen y de cooperación con el fronterizo, con Marruecos.

Más de seis millones de personas extranjeras de instalaron en España durante la primera década del presente siglo. Un dato impresionante, sin precedentes, que se gestionó con mucho éxito a la vista de los resultados. De todos los países receptores, especialmente los del sur de Europa, España es seguramente el que más y mejor ha acogido a los migrantes con resultados positivos para todos, para ellos y para el conjunto de los españoles. ¿Se imaginan cómo podrían gestionar cientos de miles de familias españolas el cuidado de sus mayores sin la presencia de personas de otros países que asumen ese trabajo para el que los nacionales muestran muy poco interés?

En España se nota ya la integración en escuelas y universidades de hijos de esas personas que confiaron su destino a las oportunidades que podía ofrecerles nuestro país. Muchos de ellos se han nacionalizado y han taponado el agujero demográfico que amenaza a la sociedad española a finales del siglo pasado. Funcionó y no se ha reconocido, incluso puede que buena parte de los políticos que opinan diariamente no hayan reparado, ni estudiado el fenómeno. Por eso dicen tanta simplezas y se hacen eco de tanta conclusiones infundadas.

Lo ocurrido estos días con el open Arms toma el aire de tragedia/farsa/sainete por la inopia con el que lo han gestionado las autoridades españolas e italianas. El ministro Salvini y el presidente Sánchez (protagonistas oficiales del caso), desde ópticas opuestas, han quedado ridiculizados por un hecho menor: la llegada de 160 náufragos que es una pequeña muestra de los que cada día atraviesan el Mediterráneo. Los del Open Arms, que revestidos de salvadores eficaces (lo son) han desbordado las tácticas de los dos gobiernos, la rigidez inútil del italiano y la falsa amabilidad del español. Salvini tiene una táctica trapacera: utilizar la resistencia a la inmigración como argumento nacionalista y populista. Ha fracasado, el barco llegó a puerto y los migrantes desembarcaron. Lo que no está claro es que Sánchez tenga estrategia, ni siquiera táctica; se le ve persiguiendo los acontecimientos buscando más los titulares que los argumentos de fondo. No hay estrategia ni política.

Los partidos de la oposición han pedido una comparecencia parlamentaria para dar explicaciones. Una oportunidad para proponer esa estrategia que debería ir más de un planteamiento partidista o solo gubernamental. No sería posible llegar a alcanzar un pacto de Estado con todos los grupos parlamentarios, pero si lograr una mayoría clara que daría credibilidad y que facilitaría llevar a Europa una opinión sólida, una exigencia de país fronterizo, concernido, interesado y capaz.