El beneficio ya no es el único objetivo de la empresa

A principios de año Larry Fink, presidente del mayor fondo de inversión del mundo (BlackRock, primer accionista de la mayor parte de las empresas del IBEX35) escribió a los presidentes de todas las empresas (varios miles) en las que invierte su carta de Navidad, que suele remitirles cada año, con recomendaciones sobre los criterios que deben presidir su gestión. La novedad de este año fue que además del objetivo del beneficio, del retorno al accionista como compensación razonable por su riesgo asumido, los gestores deben tener presente la responsabilidad social de la empresa en su entorno de actuación.

Fink pone sordina al que, hasta ahora, se considera objetivo central de la empresa capitalista: maximizar el beneficio para los accionistas, añadiendo un objetivo de sostenibilidad y responsabilidad. Los gestores no pueden olvidar, sostiene Fink, su responsabilidad en la comunidad en la que actúan, deben tener presentes en sus decisiones en bienestar de empleados, proveedores, clientes y de sus entornos sociales, la ciudad, el medio ambiente…

Para muchos sonó a música celestial, a buenos deseos sin consecuencias, ya que no concreta el “¿…y cómo sigue?. Por ahora no conozco casos en los que BlackRock haya retirado inversiones de empresas que hayan hecho caso omiso de las indicaciones del señor Fink. La advertencia está, lo que no han llegado son las consecuencias.

Esta semana la Business Roundtable, una de las patronales norteamericanas más influyente que agrupa a la mayor parte de las grandes empresas del capitalismo mundial, ha aprobado una declaración de principios que revisa el objetivo central de las empresas en la misma línea que apuntó el presidente de BlackRock meses atrás. Además de maximizar los beneficios para el accionista las empresas deben tener en cuenta otros objetivos complementarios que colocan en el centro a los empleados, los clientes, los proveedores y la sociedad. Para todos ellos, los cinco, hay que crear y distribuir valor.

Son pequeñas rectificaciones de concepto que dibujan una marco renovado para el capitalismo empresarial, objetivos adicionales a los clásicos que tienen en cuenta las nuevas realidades de un mundo más complejo e interrelacionado en el que todo tiene que ver con todo, en el que los juegos de suma cero no funcionan y en os que a un perdedor no corresponde un ganador. Un esquemas que valora la colaboración más que la confrontación, que sigue presidido por el principio de competencia pero sin perder de vista la sostenibilidad.

La reciente crisis ( y la que está llamando a la puerta) ha dejado muchas heridas sin curar, una creciente desigualdad que amenaza la estabilidad y los empresarios más espabilados perciben que hay cambios que no pueden perder de vista. La cuestión es, insisto, ¿cómo sigue la historia?, ¿cómo se concretan esos propósitos?.