El modo Trump: amago y retirada y volver a empezar

¿Vivimos una peligrosa guerra comercial y cambiaria que advierte de una IV guerra mundial, la siguiente a la guerra fría? Es probable, aunque no es seguro. Los EE.UU que encabeza Trump protagonizan una de esas etapas antipáticos del imperio que quiere seguir siendo pero sin asumir las responsabilidades que ello implica. En su antipatía su enemista con los aliados tradicionales (Europa), simpatiza con los adversarios tradicionales (Rusia) y mide sus pasos frente a la potencia emergente mundial (China). Y Trump lo hace a su modo, como un tratante que negocia con el mago, la amenaza, la retirada, el tanteo y finalmente … ya veremos.

Trump es un proteccionista de libro, sin análisis histórico ni fundamento teórico; no es un mercantilista clásico (¿que será eso? dirá el presidente) más bien piensa que el comercio internacional es juego de suma cero. Frente a China amenaza con unos aranceles provocadores, pero enseguida aplaza la aplicación, parcial o total, en espera de ofertas de la otra parte. Amago y retirada¸ aunque solo sea para el otro no golpee o lo haga con cautela.

Dos golpes de respuesta han tocado mentón y han llevado a Trump a retirarse unos metros. Suspender las importaciones de productos agrícolas por parte de los chinos (disponen de mercados alternativos, algunos controlados por ellos en África y América) supone un golpe bajo a Trump, directo a sus electores.

Más seria es la respuesta cambiaria, dejar depreciar el reminbi (que ahora está revaluado en opinión de expertos neutrales) neutraliza una parte del coste arancelario que se vuelve contra la economía americana. Pero esta no es una guerra cambiaria, son solo escaramuzas, punteo de entrenamiento para calcular la energía de los golpes.

Otra escaramuza previsible puede llegar si la FED vuelve a bajar tipos y los fondos chinos (primeros acreedores del Tesoro USA) deciden desprenderse de algunos bonos para limitar riesgos. Otra escaramuza que puede debilitar a ambos contendientes en beneficio de ninguno.

El modo Trump pude irle bien en el mercado inmobiliario neoyorquino, incluso en el turbio negocio del juego, pero en la complicada geopolítica del siglo XXI con potencias tan desaprensivas como la Rusia de Putin, o tan pacientes y controladas como la China comunista puede ser como cataplasmas para las neumonías. Criticar a Trump es fácil, tanto que conviene evitarlo porque no le afecta, su autoestima es tan inenarrable como incomprensible. Por eso hay que seguir sus hechos más que sus palabras. Y esos hechos con confusos, propios de tratante que buscan las ventajas del chalaneo. Lo peor es la pérdida de oportunidades, el lucro cesante de una política inconsistente.