La palabra del Rey y la relevancia de lo obvio

Habla el Rey y sube el pan. Como habla poco cada palabra vale más porque lo escaso se valora. En Mallorca pudo no decir nada cuando compareció ante las cámaras para la sesión típica y tópica de fotos de verano, pero le preguntaron y respondió con esmerada cautela. Lo que dijo ha escalado a todos los noticiarios y a las primeras páginas, pero en realidad solo expresó una obviedad, lo relevante (y llamativo) hubiera sido otro comentario, por ejemplo: cómo no se ponen de acuerdo… elecciones. Eso hubiera sido la bomba, aunque fuera intrascendente ya que el Rey no puede ir más allá del mandato constitucional, no puede, o no debe, acelerar o retrasar los procesos.

Así como al Rey anterior los encargos de investidura de presidentes de Gobierno (una decena a lo largo de su mandato) no le plantearon ningún problema porque siempre estuvieron claros antes de empezar la sesión parlamentaria correspondiente, el Rey actual le ocurre todo lo contrario, lleva cuatro encargos de investidura en cuatro años y tres han sido fallidos, con peripecias de todo tipo, desde el insólito rechazo de Rajoy a cumplir el encargo a la novedad de una moción de censura exitosa que llevó a Sánchez a la Moncloa y a Rajoy a casa. Todo raro y complicado ante lo cual el Rey ha respondido con templanza.

Templada fue también su respuesta el lunes, mejor que haya gobierno y volver a hacer unas elecciones. ¿Qué otra cosa podía decir el Jefe del Estado, se trata del valor de la estabilidad y la normalidad, que a unas elecciones siga la composición de un gobierno.

La respuesta de los partidos ha sido la previsible, cada cual fiel a su guión y a su estrategia. Los socialistas presionan para alcanzar los votos necesarios e interpretan que eso es lo que quiere el Rey, sin decirlo explícitamente; entre otras razones porque el Rey no ha indicado preferencia alguno y es muy improbable que llegue a hacerlo algún. Lo populares han abierto una brecha adicional en el objetivo del desgaste de Sánchez: que el Rey encargue el gobierno a Casado y que Sánchez se abstenga. Hipótesis hoy tan improbable como lo anterior.

De manera que de los dicho por el Rey no se puede abrir ningún cauce nuevo, ninguna salida del laberinto; son los partidos los que tienen que interpretar la aritmética electoral y resolver la ecuación. Es obvio que el Rey está preocupado, ¿cómo no va a estarlo? pero también es obvio que sabe que no puede hacer otra cosa que desplegar templanza. La actual Casa del Rey es discreta, más que nunca, se sabe poco de lo que piensa, de quien le aconseja, de a quién escucha y en quién confía. Si se sabe que ve a gente, a bastantes, que pregunta y que escucha, sobre todo escucha. Al Rey le preocupa la salida de la crisis catalana, más aun cuando su intervención del 3 de octubre de 2017 fue determinante, incluso excesiva para algunos leales.

El Rey sabe que la monarquía y la Constitución tienen que ser capaces de encontrar la salida del laberinto catalán, por compromiso con España y, por tanto, con Cataluña. El lunes el Rey dijo algo obvio, que tiene el valor de haberlo dicho y de no haber “borboneado” lo más mínimo.