El socialismo navarro en clave local de supervivencia

Maria Chivite es presidenta de Navarra, los socialistas navarros que estaban al borde la irrelevancia (quinta fuerza hace dos años) recuperan el resuello y sobreviven con un espacio de poder que no imaginaban hace meses, puede ser un pírrica victoria que les devuelva al desastre o les lleve a sobrevivir con posibilidades. A su favor ha soplado el viento de Pedro Sánchez que ha devuelto expectativas al socialismo español, y también el resultado insuficiente de la derecha navarra, primera fuerza pero sin mayoría. El socialismo navarro se había convertido en una fuerza residual, de familia, que apostó decididamente por Pedro Sánchez y que ha logrado autonomía para gestionar sus intereses con prioridad a los del PSOE. Con Rubalcaba no tuvieron esa posibilidad.

El socialismo navarro ha vivido los últimos cincuenta años con el permanente dilema de la preferencia por el vasquismo o el navarrismo, Primero fueron socios del PSE (1976-1982) con la fórmula del partido de las cuatro provincias forales; luego bascularon hacia un foralismo local como partido propio (PSN) integrado en el PSOE federal (1982) sin vínculos con el PSE. La ley del amejoramiento del fuero navarro (1982), negociada por UCD y los “navarristas” fue, finalmente, apoyada por los socialistas, inclinó a estos en favor de la autonomía con el premio de la presidencia del gobierno encabezado por Gabriel Urralburu que enterró al partido con casos insoportables de corrupción.

Durante los últimos años el PSN, en decadencia, apoyo a la derecha frente a los anexionistas vascos, pero la aritmética de las últimas elecciones ha devuelto oportunidades a los socialistas navarros encabezados por María Chivite que recupera el gobierno, rompe cn la estrategia anterior y devuelve al PSN a la vía vasquista con el argumento del entendimiento y la pacificación.

En el PSOE, buena parte de los que hace cuatro años bloquearon esa vía han asumido el riesgo con un cálculo político a corto plazo: subsistencia para el PSN y más poder regional. El razonamiento socialista gira en clave local, de su propio interés, de una militancia cautiva (y pequeña) que vive del partido desde hace demasiado tiempo.

Cuando el PSOE propició con una abstención parcial el gobierno minoritario (agónico y fracasado) de Rajoy hace dos años no hizo por el interés general o por la gobernabilidad; fue una decisión en clave interna, para evitar repetir las elecciones en el momento de mayor debilidad del partido, seriamente amenazado por un desbordamiento por la izquierda de los emergentes morados de Podemos. Ahora pueden contar la historia que les venga en gana pero aquella decisión se tomó en clave partidista, táctica y pragmática. La misma clave sirve para entender la decisión de Chivite (y de sus inspiradores con influencia en Ferraz y la Moncloa) y la tolerancia de la dirección socialista de Sánchez. La táctica se impone a la estrategia, la oportunidad a los principios. Lo que cuenta es el poder para aspirar a más poder.