Será (o sería) un “gobierno compuesto” más que uno de coalición

En breve conoceremos al alcance del acuerdo (o no) entre la primera y la cuarta fuerza parlamentaria para (con el visto bueno de los grupos nacionalistas) investir un Presidente que formará un Gobierno que llamaremos “compuesto”, ya que será la suma de dos equipos más que un Gobierno de coalición. Lo que discuten a estas horas y desde hace día son nombres y competencias más que políticas y estrategias.

El Gobierno “compuesto” es una fórmula original, poco experimentada, con alto riesgo de incidencias sucesivas. Durante el debate del lunes quedó claro que Pablo Iglesias quiere competencias, es decir poder, y que las posibilidades de confrontación entre los socios son altas. Para mitigar ese riesgo la autoridad del Presidente de ese Gobierno será decisiva. Pero cabe preguntarse cómo queda la autoridad del presidente Sánchez tras las negociaciones de estos días y tras el debate del lunes. El presidente Sánchez no sale bien de esta ronda de negaciones, la coherencia no ha sido una de sus virtudes, tampoco la estrategia ya que no ha controlado la agenda, ni el ritmo de la negación.

¿De qué va Sánchez? Por lo visto va de seguir en la Moncloa a cualquier precio. Si Ciudadanos le ofreciera sus votos en el último segundo (que serían suficientes) la tentación de Sánchez podría ser aceptarlos, de hecho los pidió por patriotismo aunque sin convicción, sin incentivos para conseguirlos.

El desempeño de este Gobierno (si sale) va a ser excelente para los periodistas, dará mucho juego. Un presidente nominal y un “casi presidente” en la sombra, vigilante desde el Congreso, con tentáculos en la mesa del Consejo de Ministros, y con voz y fuerza para tenérselas tiesas al Presidente nominal.

La ley vigente del Gobierno dice que los acuerdos se toman por unanimidad, de forma solidaria por todo el Gobierno. Y la ley establece que el Presidente puede despedir a sus Ministros desobedientes. El grado de confianza acreditado hasta ahora entre los dos socios de ese Gobierno “compuesto” es moderado, más bien bajo. No parece que hayan dedicado tiempo a pactar las discrepancias, o a modular su gestión, de manera que no tardarán en llegar los incidentes que los medios detectarán, incluso con antelación, y multiplicarán hasta la desesperación.

No me extrañaría que entre las primeras medidas que propondrá ese Gobierno compuesto esté algo parecido a una ley libelo para protegerse de críticas, es común en todos los gobiernos débiles, y éste lo será y no escapará a la maldición. Vienen tiempos propicios a la lírica.