¿Habrá gobierno?… el jueves te lo diré

El debate de investidura ha discurrido por los cauces habituales, mucha retórica, apariencia de concurso de facultad para dirimir el mejor orador, y guiños y mensajes tácitos y explícitos para un resultado final que evite unas nuevas elecciones que todos temen. Podemos-Iglesias han puesto su listón alto para conseguir carteras de responsabilidad, de gestión, con presupuesto y Sánchez-PSOE han practicado un funanbulismo que justifica las preguntas de Pedro Casado a Sánchez: ¿Para qué?, ¿hasta cuándo?, ¿quién es usted?. Lo de Rivera y Sánchez es conocido, no tiene arreglo. Aunque en política nunca hay que decir nunca. Casado se comportó con serenidad y prudencia y con obtenido propio del jefe de la oposición. Rivera empezó y siguió desatado.

Si en el debate electoral en las dos televisiones Pablo Iglesias con su moderación retórica ganó claramente la preferencia de los espectadores, en este debate de investidura iglesias ha vuelto a llevar la iniciativa con un trato a Sánchez que rezumaba superioridad y bastante ironía. Empezó aconsejando: “Disimula, Pedro…” para a renglón seguido advertirle, “vas a tener que rectificar…” “te sorprendí renunciando, así que a ver cómo sigue ahora…”

El debate ha sido una pelea de gallos, de “chulitos”, que dicen mis nietos cuando discuten. Iglesias dice con fuste: “no vamos a ser decorativos… queremos respeto y reciprocidad…” ¿Le extraña a Sánchez? Es lo más lógico, Iglesias está persuadido de que es más audaz y resistente que Sánchez, y que a éste no le queda otra opción que ceder, que entregar más de lo que hasta ahora ofrece. Para Iglesias se trata de una operación histórica, lograr lo que nunca obtuvo su partido, el PCE, durante la democracia, en realidad durante toda su historia. Y tiene muchas posibilidades de lograrlo. Lo que luego pase a su coalición es tema para el futuro, pero la renta que busca Iglesias es evidente y relevante.

Sánchez tiene motivos para considerarse el más listo entre los suyos, les ha devuelto el Gobierno cuando estaban fuera, pero lo que le espera a partir del primer Consejo de Ministros de la legislatura (si consigue la investidura) será un tormento, un camino de espinas. Iglesias se lo recordó a lo largo de la tarde en sus tres intervenciones, cortas y concretas.

Iglesias centró su discurso en “las cosas”, en lo concreto, con propuestas conocidas que inquietan a muchos pero que suponen esperanza para otros tantos. Sánchez optó con un discurso global, vaporoso, como cualquier otro anterior, para el que pidió a su equipo que metieran todo, pero sin concretar, sin números, sin síntesis, sin nivel, tópico sobre tópico con baja credibilidad.

Lo que pasaba en el hemiciclo era retórica, lo importante está en las conversaciones discretas de los grupos con capacidad para hacer presidente electo a Sánchez, que precio piden y cuánto va a pagar el candidato. El jueves por la tarde lo sabremos.

En el duelo táctico entre los asesores, entre Iván Redondo y Paolo Gentille, lo ganó el argentino-brasileño que viene moldeando a Iglesias desde hace unos meses.