El rifirrafe Sánchez-Iglesias cuestiona su fiabilidad

Las sucesivas declaraciones (miércoles y jueves) de Iglesias y Sánchez a García Ferreras han destapado las entrañas de las numerosas conversaciones en persona y por teléfono de los líderes de dos partidos, que han trabajado juntos durante los últimos trece meses para desahuciar a Rajoy, instalar a Sánchez en la Moncloa y revitalizar el PSOE. Del proceso sale un ganador claro (el PSOE-Sánchez) y un perdedor (Iglesias-Podemos). Los datos con rotundos, pero los saldos de beneficios para el común no son nada favorables: la estabilidad gubernamental sale malparada, las expectativas de futuro quedan en tinieblas, y el riesgo de otra legislatura fallida (la tercera consecutiva) flota en el ambiente.

Felipe González, desde la distancia del jarrón chino al que se refirió hace años para definir la figura del expresidente, recomendaba esta semana una retirada al “rincón de pensar” antes de tomar decisiones políticas. El problema es que como la camisa del hombre feliz (no tenía camisa) tampoco hay “rincón de pensar”. De manera que seguimos ante la incertidumbre líquida de que en algún momento sonará la flauta y alguien asumirá una rectificación que permita hacer gobierno y, lo que es más importante y complicado, gobernar.

Las declaraciones de los dos personajes de la semana han sido claras y desafiantes. Ambos han clavado los pies en el suelo y han dicho: “hasta aquí hemos llegado”, que ceda el otro. En medio de las declaraciones de Sánchez llegó la imagen del No de la diputada riojana de Podemos a la candidata socialista. Un dato-advertencia del carácter de Podemos: en la Rioja concurrieron aliados con Izquierda Unida, obtuvieron dos escaños en la Asamblea regional (uno para cada sigla) y nada más tomar asiento cada una se ha ido por un lado. ¿Quién ha sido desleal a sus votantes?, ¿inmadurez política o tontuna? Ante la imagen del NO, Sánchez movía la cabeza entre desaprobación, decepción e irritación, rememorando a Romanones y su “vaya tropa…”.

Visto lo visto me pregunto si 90 días después de las elecciones de abril, analizados y exprimidos los datos y las encuestas postelectorales no es hora de rectificaciones estratégicas una vez que cada parte ha fijado su posición. Más aun ¿es hora de que alguien tire la toalla y proponga otro liderazgo con más posibilidades para alcanzar acuerdos? El roce no ha generado cariño, parece evidente que Sánchez e Iglesias no se han fiado uno del otro en ningún momento, que ambos han apostado porque el otro ceda y que tras muchas horas de conversaciones (¿de qué hablarán esta pareja?) sus posiciones están más alejadas que nunca. Los pliegos de cargos que se han dedicado en las dos entrevistas son devastadores, tanto que para alcanzar un acuerdo antes de que venza el plazo de septiembre se requieren unas tragaderas de hipopótamo.

Sabemos que en política el contador se pone a cero a cada rato, pero esta pareja de disidentes ha escenificado las diferencias hasta puntos de no retorno. La fiabilidad de ambos entre si y frente a todos los demás (incluidas sus militantes y votantes) tienen que estar muy debilitada… pero esto es lo que hay, en resumen una fuente con poco agua y poco limpia.