Landaben y El Corte Inglés en pista de progreso

La economía y la sociedad española progresa adecuadamente; el (sin) gobierno no ayuda pero el personal se las apaña con lo que hay aunque sean presupuestos prorrogados, incertidumbres fiscales, reformas olvidadas y proyectos ausentes o en suspenso. Dos datos de los últimos días apelan a la confianza y a la esperanza; dos compañías veteranas y con mucha trayectoria que vislumbran un futuro más prometedor en la confusa España.

En Navarra, en el polígono de Landaben (Pamplona), en un lugar un tanto inverosímil para una planta automovilística, ensamblan coches desde hace más de medio siglo en una cifra que hoy se acerca a nueve millones de unidades. Una planta de los años sesenta, con la industrialización posterior al plan de Estabilización de 1958, por iniciativa atrevida del banco Santander que quería sustentar el futuro de nueva Nueva Montaña Quijano, industria metalúrgica cántabra que necesitaba clientes y mercado. El Santander atrajo a los británicos de Morris para fabricar su modelo Mini en Pamplona. El año 1966 salieron los primeros minis para alcanzar la cota de 140.000 vehículos hasta 1975. El negocio no resultó viable pero la planta de ensamblaje estaba allí y SEAT decidió aprovechar los activos para fabricar vehículos pequeños de su marca, hasta 300.000 hasta 1984.

La planta resultó eficiente y rentable, una rara avis en el universo de la competitiva industria del automóvil. SEAT fue a pique y Volkswagen, muy alentada por los gobiernos español y alemán, asumió la peculiar planta navarra. Los alemanes apreciaron su eficiencia y consolidaron su especialización en coches pequeños, asignándola la fabricación exclusiva del modelo POLO, exportado a todo el mundo. De entonces acá, 35 años, ocho millones de vehículo han salido del valle navarro con destino a los cinco continentes. Ahora rozan una producción de 350.000 unidades al año, y como la planta sigue mejorando la eficiencia compitiendo con cualquier otra alternativa, Volkswagen confirma nuevos modelos que garantizan el empleo y el futuro de la planta. Ubicada tierra adentro, con comunicaciones medianamente competitivas, Landaben sigue siendo una joya entre las 122 factoría de VW en el mundo.

Estos mismos días El Corte Inglés, uno de los casos empresariales españoles más asombrosos y singulares de la historia, ha dado un paso adelante en su proceso de adaptación a las nueva realidades con el rating de grado inversión para sus bonos y la mejora de su rating global. El Corte Inglés no se parece a nadie, es El Corte Inglés. Compite con todos y con nadie en concreto, no tiene equivalente. Su negocio sufre o goza con la evolución de la economía en general, sobre el ritmo del ciclo tiene que asentar su propia capacidad para añadir valor y ventaja. Estos últimos años ha gestionado un relevo histórico con todo lo que ello acarrea de previsible e inesperado. Y ha gestionado un delicado cambio del modelo financiero, asumiendo los riesgos del endeudamiento en una compañía que durante décadas hizo de la autofinanciación una de sus fortalezas.

Adaptarse a los nuevos tiempos, ganar la confianza de los acreedores, además de los clientes y los proveedores, significaba un reto que algunos sostenían que sería difícil de alcanzar. Los datos conocidos estos días avalan la tesis de los que conociendo las fortalezas de tan singular compañía apostaban por el éxito de la rectificación. El Corte sigue siendo lo que era, una empresa singular, donde hablan “cortesiano” como siempre pero con inimitable interpretación al servicio de sus clientes.

La política andará extraviada, pero las fortalezas empresariales no decaen; se adaptan y escriben futuro.