Supongamos, hay pacto y gobierno…y cómo sigue

Lo que vaya a ocurrir en la política española durante las próximas semanas pertenece al mundo de lo imaginable, con este personal al mando cualquier hipótesis es verosímil porque todos ellos han dicho lo mismo y lo contrario en función de coyunturas e intereses. Ninguno tiene una estrategia definida más allá de que Sánchez quiere permanecer en la Moncloa a cualquier precio; Rivera quiere alcanzar la condición de alternativa al inquilinato de ese mismo complejo; Iglesias pretende una cartera para él o/y su pareja (aunque sea de Marina, frase atribuida a Jesus Fueyo, un franquista que aspiraba a ministro pero que no llegó a tanto); Casado tiene bastante con estabilizar el partido y conformar un nuevo equipo limpio de los polvos del pasado. El quinto en danza, Abascal, anda perdido en el laberinto de su propio éxito reclamando puesto en la mesa.

Mientras tanto los grupos nacionalistas y regionalistas, independentistas o no, ordenan las preferencias de sus tablas reivindicativas en espera ver cumplidos los compromisos (conocidos o por conocer) o de obtener nuevas concesiones cuando puedan imponer condiciones. Así que los nacionales en riguroso desorden y los localistas preparando sus facturas para cobrar al contado o a plazos.

Como nadie quiere volver al reparto de cartas que suponen unas elecciones anticipadas (cuartas en cuatro años) porque todos temen quedar igual (en el mejor de los casos) o peor de lo que están hay que estimar que antes o después habrá pactos y gobierno. ¿Qué pactos?, ¿qué gobierno?… ninguno lo sabe, pero hay posibilidades a varias bandas. La más probable es la fórmula de la moción de censura a Rajoy que ha sostenido un gobierno electoralista durante el último año, aunque esta vez con un compromiso mas taimado, con los independentistas mirando al tendido, es decir con una abstención que es lo más parecido a un voto a favor.

El dato de toda esta partida es que esta gente que manda están atrapados en una profunda desconfianza entre ellos; hay más confianza entre los aliados muy improbables (Sánchez-Casado o incluso Rivera Iglesias) que entre los aliados posibles. Suárez fue capaz de entenderse con Carrillo y con Felipe González, pero de entonces acá ni Felipe soportó a Aznar, ni éste a Zapatero, ni Zapatero a Rajoy, ni Rajoy a Sánchez, ni éste a Rivera… es el factor humano y personal, tan importante en la historia, que en la actual coyuntura española juega a la contra. Quizá algún día suene la flauta y lleguen dos o tres líderes que sean capaces de entenderse en lo fundamental y confrontar en lo demás. No es este el momento para ese marco.

Raymond Aron escribió tras la II Guerra en “el gran cisma” sobre la guerra fría que empezaba. “la paz es imposible, pero la guerra es improbable”. Aplicado a la actual situación en España podríamos concluir que una gobernanza reformista y de progreso es imposible pero la recesión y el retroceso es improbable, entre otras razones porque los carriles protectores de Europa, las instituciones y la sociedad civil limitan la estulticia de gobernantes que conduzcan al desastre.Lo urgente hoy parece ser que haya pactos y gobierno, salir de este impase a modo de “guerra boba” y entrar en la normalidad de un gobierno estable. Pero, me pregunto, con esta gente es ¿posible un gobierno estable? Alcanzados los pactos y constituido el gobierno… ¿cómo sigue la cosa?, ¿qué puede ofrecer ese gobierno de fracasados que se agarran a los asientos como si les fuera la vida?