El nuevo viaje inglés hacia Europa

Los laboristas pro Europa han arrastrado a Jeremy Corbyn a clarificar la posición del partido frente al Brexit. Se acaba una ambigüedad que ha durado años y que ha tenido como promotor al líder del partido. En plena crisis del partido conservador, muy inclinado hacia la ruptura con la Unión Europea, los laboristas defienden ahora otro referéndum con una posición favorable a permanecer (“remain”) frente al abandonar (leave) de buena parte de los conservadores.

El problema del referéndum revocatorio es que abre la puerta a otro referéndum táctico que sirva para desplazar otro tipo de problemas políticos. Porque aunque es evidente que una buena parte de la población británica es soberanista, nostálgica del imperio, recelosa de la Europa federal… también lo es que el premier Cameron se metió en el jardín del referéndum para resolver un debate interno del partido y reforzar su liderazgo. Todo le salió mal y hoy es un apestado de la política, un fracasado. El partido Conservador, mal gestionado por Teresa May (otra fracasada en puertas) se entregará a sus peores instintos si confirma al esperpéntico Boris como líder con la promesa de salir de la Unión a la brava a finales de octubre.

Los laboristas, favoritos en las encuestas para volver al poder aunque sea con poco entusiasmo de muchos electores) ha visto una ventana de oportunidad confrontando con Boris antes de su elección. La propuesta de un nuevo referéndum puede ganar la votación de la cámara, paralizar la salida y devolver la palabra a los británicos que pueden volver a la casilla inicial para abordar nuevas elecciones legislativas que compongan un nuevo gobierno a lo largo del 2020.

Para volver a Europa (de donde no se han ido, aunque ahora carecen de poder efectivo) solo hace falta que los partidarios de permanecer se lo tomen en serio y se movilicen con tanta determinación como lo hicieron los del abandono. Europa no se debilitado por el divorcio anunciado de los británicos y éstos van cayendo en la cuenta de que la operación soberanista rinde pocos frutos y puede traer más perjuicios que beneficios. Las elecciones griegas, la revisión del Brexit, la composición de la nueva Comisión y Parlamento… son todos datos que apuntan a un retorno al orden previo a la crisis. Nada será como antes, la historia no se repite, pero como dijo el clásico rima. La destrucción de las Torres Gemelas en septiembre de 2001 marcó un cambio de ciclo, otro tipo de guerra fría; la Gran Recesión de 2008 tuvo un efecto semejante de alteración de equilibrios. Ambos factores siguen presentes, constituyen retos para la política nacional y global, pero se notan que algunas piezas extraviadas vuelven a un nuevo orden menos amenazante.

Los ingleses (que no los escoceses, galeses e irlandeses) tomaron un billete único para salir del continente y ahora consideran reclamar el billete de vuelta una vez comprobado que el viaje no era tan prometedor como parecía, como les habían vendido.