Pactos y teoría de juegos

Los partidos políticos españoles se han profesionalizado durante los últimos años tanto como la sociedad española; y no necesariamente para bien. Pero es indudable que manejan técnicas de persuasión y estrategias electorales cada vez más sofisticadas; saben bastante de sus electorados potenciales y han aprendido a segmentar el mercado de votos, a manejar mensajes con penetración y a utilizar las redes sociales al margen de los cauces convencionales; ahora les interesan muy poco los diarios y mucho las televisiones; y más los programas de entretenimiento que los informativos.

Digo que no siempre para bien porque todas esas técnicas han restado contenido, autenticidad, iniciativa, proyecto. Tanta técnica ha restado espontaneidad, sentido del riesgo, convicciones. Lo resumió muy bien el luxemburgués Juncker cuando dijo “sabemos lo que hay que hacer, lo que no sabemos luego es ganar las elecciones”.

La política española está plagada de estrategias y tácticas políticas que salen de asesores y consultores, que andan todo el día oteando el viento para no molestar a los electores, para atraerlos sin necesidad de ofrecer más allá de apariencias. Para los periodistas se hace cada vez más complicado desentrañar los mensajes, hacer el trabajo de interpretación, en este caso del español al español, es decir descifrar lo que de verdad quieren decir, y sobre todo lo que ocultan. Mucha información pero muy averiada; mucha declaración pero poca sustancia y menos consistencia. Nunca ha valido tan poco la palabra de un político como ahora. Dicen lo mismo y lo contrario, según dónde, según a quién y en qué coyuntura.

Estamos en plena vorágine de negociaciones a todas las bandas y niveles, preñadas de contradicciones y de apariencias y con escaso contenido. Lo que negocian es espacio de poder y expectativas electorales. Los contadores se ponen a cero por temporada. Unos dicen A y los otros entienden B y lo previsible es un encuentro a mitad de camino.

Entre las técnicas aprendidas está la estrategia de negociación que pasa por la “teoría de juegos” que han desarrollado economistas y psicólogos. Las escuelas de negocio detectaron hace años que entre los dirigentes políticos hay un nicho de mercado interesante donde obtener ingresos y no son pocos los políticos de los aparatos que han pasado por las aulas de esas escuelas para adquirir habilidades.

La teoría de juegos trata de optimizar resultados, de reducir los ejercicios de suma cero o de perdedor-perdedor. De la eficacia de ese aprendizaje podremos hacer balance cuando acabe el baile de negociaciones y pactos. Si todo concluye con nuevos comicios nacionales o autonómicos evidenciará que han aprendido poco.

Un dato objetivo es que en el escenario municipal donde los plazos están limitados los acuerdos se alcanzaron en la recta final, durante las últimas horas. En el ámbito autonómico los plazos son más amplios lo cual explica que se alarguen las negociaciones y aumenten los riesgos de ruptura o extravío. No conviene prestar demasiada atención a los amagos negociadores de los tiempos intermedios, hasta el día y la hora de conclusión de cada plazo… cualquier acuerdo es posible. El factor dominante es “teoría de juegos” aunque su aplicación sea aun un tanto amateur.