“Se nos escapó el Popular”, sostiene Almunia

En el Ministerio de Economía se celebró recientemente una sesión con la excusa del décimo aniversario de la creación del FROB, una de las herramientas para hacer frente a la última crisis financiera. El formato elegido fue el de mesas de debate (más bien de exposición) en las que participaron los protagonistas de la gestión de la crisis con un mensaje tácito de fondo: “¡Qué bien lo hemos hecho”! Si la proposición tiene fundamento lo dirán los historiadores de esta crisis que no son pocos hasta ahora pero que necesitan un cronista de referencia que está por llegar.

La sesión iba bien hasta la parte de final de la intervención de Joaquín Almunia cuyo protagonismo viene por su condición de vicepresidente de la Comisión y Comisario de Competencia. Almunia, franco y directo, dijo: ”Se nos escapó el Popular”. Un comentario aparentemente intrascendente, para algunos banal y poco meditado; pero cayó como una bomba. Quizá porque no era tan banal, quizá respondía al meditado análisis personal de una persona con criterio y suficiente distancia del sector financiero para no dejarse atrapar por lo correcto.

De hecho a los supervisores de todo cuño se les escapó el Popular, un banco que estaba señalado en los análisis pero al que nadie quiso o supo colocar en el grupo de los sospechosos. Tan se les escapó que cuando reaccionaron lo hicieron de forma atropellada. Entre ese nadie figura en primer término la actual subgobernadora del banco de España (responsable de la supervisión) que era la inspectora responsable del Popular y que ejercía de jefe de equipo con autoridad, como que conocía el banco y lo tenía controlado. Fracasó, su olfato falló y los trabajos de inspección también.

La crisis del Popular es interesante, quizá la más relevante para aprender. Era el mejor banco de España a principios de siglo, tenía carácter, personalidad, prestigio, profesionales… pero en muy pocos años, menos de diez, malgastó todo el capital real y moral acumulado en un desastre. Por eso merece análisis más finos y serenos que podrán abordarse cuando concluyen los pleitos y se estabilicen los testimonios con fuste.

Hace pocos días Aristóbulo de Juan, experto en crisis bancarias y más experto, si cabe, en el carácter del Popular escribió un artículo en “El Confidencial” titulado “erase una vez…” (1) en el que relataba los fallos que llevaron al rescate del Popular. El artículo es breve pero intenso y, como es habitual en los escritos de Aristóbulo, medido al milímetro y pesado al miligramo. El relato de hechos es claro, las responsabilidades de los auditores, supervisores… es evidente. Eché en falta en el análisis las responsabilidades del consejo de administración del Popular, los conflictos intereses que le convirtieron en inoperante, para acelerar la crisis del banco. La vigilancia de la “gobernanza”, además de la de los activos, el balance y la cuenta de explotación, hubiera llevada a la alarma temprana sobre el desastre que se estaba fraguando.

El Popular quiso crecer cuando no debía hacerlo; asumió riesgos que iban contra el espíritu y la historia del banco; repartió a sus accionistas (sobre todo los del consejo) dividendos y compensaciones que debía haber retenido, más aun cuando eran recursos ficticios; abordó ampliaciones de capital que tenían bastante de negocio piramidal. Y, como dice Almunia, se escapó al ojo prudente de los supervisores, quizá por comodidad o cobardía que son muy actitudes muy humanas, aunque peligrosas para un vigilante inteligente. El comentario de Almunia da valor a la sesión conmemorativa del FROB, la justifica y la alivia de la peligrosa autocomplacencia.

https://blogs.elconfidencial.com/economia/tribuna/2019-06-30/erase-una-vez_2090366/