Contrafactual: y si..Sánchez y Rivera se entendieran

Seguir la política española al minuto, al día, sirve de poco. Lo que hoy parece probable, mañana puede ser improbable y pasado posible. Quizá los pactos están negociados, y solo esperan que maceren las situaciones para que lo que está previsto sea más digerible por inevitable, la única salida del laberinto. O puede que no haya pactos sino solo pretensiones y que todos estén esperando a que en la hora final unos cedan y otros acepten. En cualquier caso especular con lo probable es un ejercicio inútil.

De manera que puestos a especular puede merecer la pena el ejercicio contrafactual de imaginar lo que pudiera haber pasado: y si… los personajes del drama se hubieran comportado de otra manera y aplicado otra estrategia. La fórmula más mecánica tras las elecciones legislativas del 28 de abril era la que sumaba lo suficiente, que no era otra que la alianza entre PSOE-Sánchez (123 escaños) Y Ciudadanos-Rivera (57). Con 180 votos los grupos minoritarios se convertían en irrelevantes, no había peajes que pagar. Para operaciones legislativas de calado, de altos vuelos que requieren 3/5 o hasta 2/3 de los votos, para alcanzarlos bastaría con pactar con el primer partido de la oposición, el PP y sus 66 escaños, que conforman el bloque constitucional histórico.

¿Por qué resulta hoy imposible ese esquema? No hay una explicación clara. Rivera sostiene que Sánchez no quiere, que su mayoría natural está por la izquierda y con los separatistas, todo al tiempo. Es decir el voto de la moción de censura que era más coyuntural y oportunista que otra cosa es el preferido por Sánchez, lo cual es tan probable como improbable.

Los socialistas (incluido el período Sánchez) ya han pactado con Ciudadanos un plan de gobierno cuando la suma de escaños era insuficiente. ¿Firmaron por eso, porque no iba a salir? No es probable, demasiado maquiavélico. Para todos los políticos actuales ganar poder y posición es prioritario. El PSOE y el PP han pactado a lo largo de los últimos 40 años más de dos tercios de la legislación vigente, incluidos los pactos de Rajoy con Zapatero para una reforma constitucional oportunista y muy mal explicada.

Si miramos los programas electorales de PSOE y Ciudadanos las diferencia no son insalvables, ni mucho menos. Les separan algunas diferencias fáciles de conciliar a poco que cedan ambas partes en una negociación leal e inteligente. ¿Mucho pedir? Un gobierno de coalición con 180 diputados y un programa articulado, escrito, con medidas pactadas (hay poco o nada incompatible) estaría en condiciones de sacar adelante reformas de calado en materia fiscal, presupuestaria, de pensiones, sanidad, educación, energía…. con tiempo para dar frutos y acreditar su conveniencia.

Esta primera opción aritmética de mayoría se descartó desde primera hora aunque se pudo haber planteado desde el día siguiente de la votación. La investidura y el gobierno se pudo componer durante la primera o segunda semana de mayo para poner en marcha las medidas reformistas de inmediato (como hizo Suárez el año 1977, los socialistas el 1983 y Aznar en 1997), con mayoría y con tiempo para suturar las heridas y maduración. Si Sánchez no quería esa estrategia (probable) Rivera pudo haberle forzado a demostrarlo por la vía de los hechos y no de las sospechas.

El PP tenía pocas bazas, su destino natural era y es encabezar la oposición. Podemos tampoco tiene otra alternativa que imponerse como aliado natural de los socialistas en pro de una política más a la izquierda, incluso más allá del perímetro constitucional que para Iglesias ha sido siempre papel mojado.

El contrafactual no sirve de nada; pudo haber ocurrido pero ni pasó no va a pasar. Al menos en este envite, que puede acabar como el rosario de la aurora.