Pablo Iglesias en el zenit de su trayectoria

Pablo Iglesias irrumpió en el escenario de la política española con las europeas de 2014 cuando ganó un acta de eurodiputado con un programa de ruptura (contra la “casta”, concepto del que se olvidó en cuanto forma parte de la misma). Algunos pretenden que se trata de una estrella fugaz que brilló en el firmamento porque el resto de la estrellas estaban en la inopia. Parecía que se iba a comer a la izquierda (al PSOE) sin patatas o por las patas, pero han pasado tres elecciones generales y el PSOE cursa al alza mientras que Iglesias va a la baja.

Durante estos cinco años Iglesias ha dibujado una órbita con indudable influencia en la gran política española. Sus opciones estratégicas han sido decisivas en distintos  momentos:

Primero en la crisis socialistas con la ida y vuelta de Pedro sánchez que discurrió bajo la amenaza del sorpasso de Podemos. Sin Iglesias enfrente todo pudo haber sido distinto para los socialistas.

Luego con su negativa a propiciar un gobierno de coalición (o semejante) entre socialistas y Ciudadanos; ambos partidos firmaron un programa ambicioso que hubiera desalojado a Rajoy en la primavera de 2016 con un dibujo político para España bastante distinto al actual. Aquel gobierno de centro izquierda hubiera sufrido la oposición doble de un PP en descomposición gestionando el relevo de Rajoy y un Podemos revalorizado como partido decisivo para sostener o tumbar el gobierno de centroizquierda. No ocurrió, por lo que no merece la pena especular que hubiera pasado, pero quede claro que el responsable de aquello se llama Pablo Iglesias, el político decisivo en aquella coyuntura.

Más adelante, verano de 2018, Pablo iglesias volvió a ser determinante para articular una inesperada coalición informal, por acumulación, que ganó para Sánchez la moción de censura contra Rajoy. Sin Iglesias y su capacidad de maniobra con los independentistas catalanes, la moción de censura hubiera fracasado. En beneficiado de las habilidades estratégicas de Iglesias fue Sánchez que, instalado, en la Moncloa ha sacado ventaja a su competidor por la izquierda que no ha parado de desangrarse internamente desde entonces.

Hoy Iglesias está debilitado internamente y también electoralmente, pero sigue siendo el amo del tablero. Sin él Sánchez tiene muy pocas posibilidades de lograr la investidura (la opción de pacto con Ciudadanos hoy está arruinada) y con él es posible arrastrar a los indepes a una abstención y a una aventura política posterior que asusta a los socialistas por sus posibles consecuencias.

Iglesias está en el cenit de su trayectoria política, en el momento culmen de influencia, aunque con riesgo cierto de decadencia inmediata. Si doblega a Sánchez y entra en el Gobierno puede ser el abrazo del oso que digiera a su aliado por la fuerza de los hechos políticos. Y si no le doblega y fuerza unas nuevas elecciones pueden ser la tumba del podemos de Iglesias.

Pocos políticos han logrado tanta influencia en tan poco tiempo y pocos han conseguido tanta influencia con tan pobre rendimiento. Curioso personaje este Pablo Iglesias político de vocación y profesión, viejo comunista en ejercicio, pero también un líder carismático que arrastra millones de votos con ofertas muy campanudas pero de poca profundidad. Estos cinco años han sido de Iglesias, aunque el ganador se llama Pedro Sánchez.