Vox-PP-Ciudadanos-Bildu…mendacidad de unos pactos inexistentes

Hace tiempo que los políticos han perdido el respeto de la ciudadanía para entregarse al “marketing político”, a la apariencia, al juego con las palabras a las que quieren dar el significado que les conviene con una ambigüedad que llega a la equivocidad (varios significados). El resultado es la pérdida de credibilidad, el ciudadano desenchufa porque no entiende o porque entiende demasiado.

Los resultados electorales de los últimos años dejan claro que ningún partido merece una confianza dominante, los ciudadanos no se fían y proponen pactos, negociación, acuerdos entre varios para que moderando sus respectivas propuestas salga algo viable, pragmático, que sirva para un rato, mientras se va despejando el panorama. Una propuesta complicada sobre todo, cuando esos políticos desacreditados tienen poca experiencia negociadora, conjugan mal la gestión de las diferencias y están más atentos a la táctica y los intereses partidistas a corto plazo que al interés general.

El baile de pactos postelectorales en distintos ámbitos (municipal y autonómico) desplegado estos últimos días supone unas experiencias desoladoras. El vector dominante es la aritmética, más encima de la coherencia personal, ideológica o de intereses. Donde las mayorías son sencillas (a dos) los pactos parecen sencillos, casi automáticos; cuando se precisan tres socios (o cuatro) la cosa se complica por las presuntas “líneas rojas” un concepto retórico que permite hacer lo mismo o lo contrario según donde, es decir desplegar una mendicidad que es incompatible con la ética mínima y con una estética decorosa.

Ciudadanos sostiene que no pacta con Vox, pero obtiene gobierno (poder) con los votos de VOX. ¿No sería más sencillo aceptar que VOX es interlocutor legítimo, o lo contrario, que es inaceptable). Como evitan lo sencillo se deslizan por la mendacidad, por negar lo evidente confundiendo a sus simpatizantes (y a sus militantes y cuadros) que cada día entienden menos cual es la estrategia.

Los socialistas sostienen que no pactan (casi ni hablan) con independentistas y socios de ETA (que no existe pero que si está para evidenciar la victoria de los derrotados) pero se benefician de sus votos. Son los pactos con tinta invisible o que se borra al minuto. No hay evidencia de pacto pero si se producen los efectos.

Vox y PP se amenazan con desvelar sus “pactos secretos”, pero ¿es de recibo ese secretismo?, ¿tolera la democracia ese modelo con pésimas experiencias en la historia? Lo grave es que reconocen el secreto del pacto secreto. Las conversaciones PSOE Podemos (juego de trileros que tratan de engañarse uno a otro) son discretas, sin agenda ni cita conocida, pero se filtran para presionar y al tiempos e reclama discreción para buscar los puntos comunes. “Mucho trabajo”, dicen, pero es dudoso que detrás haya algo que pueda llamarse trabajo, alternativas, opciones, cesiones y acuerdos.

El problema de baja credibilidad de la política es real, sale en todas las encuestas y conversaciones. Lo sombroso es que no mueven un dedo para superarlo; todo lo contrario, lo agudizan.