Agotada la política monetaria, Draghi y el BCE hacen lo que pueden

A Mario Draghi le quedan unos pocos meses en el BCE y no parece dispuesto a ponerse cómodo y dejar que pasen los meses y las pocas sesiones que le quedan de presidir el comité ejecutivo del BCE. En la reunión de Sintra, un foro de banqueros y analistas para tomar el pulso de la situación y pasar mensajes, Draghi ha anunciado que está dispuesto a agotar las posibilidades de la política monetaria para alentar un crecimiento sostenible, es decir que no acelere la inflación por encima de los objetivos asumidos. El problema es que no solo no se alcanza ese objetivo (2% anual con crecimiento del PIB) sino que las previsiones apuntan a un 1% y un crecimiento próximo a cero, es decir una amenaza de estancamiento.

En el BCE advierten que los nubarrones del Brexit, de la guerra arancelaria, de las incertidumbres políticas y energéticas, de la anomia de las políticas fiscales y presupuestarias… y teme que cualquier excusa pueda servir para sembrar miedo, indecisión, aplazamiento de inversiones, recorte del consumo… es decir riesgo de recesión. Draghi no quiere cargar con la responsabilidad de la inacción, con la sensación de que no hizo todo lo que pudo.

El problema es que pudo mucho cuando estalló la crisis y su memorable “haré lo que sea necesario…y será suficiente” y ahora ya no puede tanto porque el arsenal está agotado, ha utilizado casi todos los instrumentos de la caja de herramientas de la política monetaria y lo que le queda no está claro que produzca más efectos que los del placebo, una sensación de que alguien está al tanto y sabe lo que hace.

El mensaje de Draghi en Sintra es que el BCE está decidido a sostener el crecimiento, que mantendrá la manguera de liquidez, que penalizará a los bancos que no inviertan y que mantendrá los tipos en mínimos. En realidad lo más fácil para los bancos centrales es mantener las estrategias de salida de la crisis sin decaer en su activismo monetario. El riesgo radica en la retirada, en la recogida de liquidez y adelgazamiento del balance. Algo que hay que hacer, pero que carece de precedentes y que altera los nervios de todos los agentes económicos y financieros porque se trata de una terapia desconocida.

Mantener los estímulos ha tranquilizado a los agentes de los mercados y, sobre todo, a los ministros de Hacienda más endeudados que temen la subida de tipo como la peste. Otro tanto para las familias endeudas con créditos a interés variables (hipotecas) que han reducido deuda pero que siguen dedicando buena parte de sus ingresos a amortizar su hipoteca.

La política monetaria del BCE debería calificarse de excepcional con los manuales disponibles, pero lleva tanto tiempo aplicándose que ya tiene más de normal que de otra cosa. Otra cuestión es si se puede mantener año tras año. De estos asuntos se habla poco, se debate poco, no figura en la agenda política de lo urgente, quizá porque es complejo y requiere explicaciones detalladas con dosis de ambigüedad.