“Los repactos” resaca de unas elecciones confusas

Les advertía ayer de que estamos ante una legislatura emocionante en todos los planos, que vendrá plagada de incidentes, pero no imaginaba que el baile había comenzado y no va a parar. A la primera oportunidad, sin que pasaran 48 horas, las tensiones entre Vox y PP, entre las distintas familias amparadas por Carmena, entre Ciudadanos y Valls… han aflorado a la superficie sin decoro ni indulgencia.

Los analistas nos enfrentamos a dos hipótesis: la primera, seguir el partido minuto a minuto con todos sus incidentes, incluidos los intrascendentes; una sesión continua de declaraciones, provocaciones, tropiezos y rectificaciones, a modo de un Gran Hermano permanente. La segunda tomar distancia, mucha distancia, y atender solo los momentos decisivos, cuando se toman decisiones irreversibles. Soy partidario de la segunda hipótesis ya que mirar solo un árbol cada día impide apreciar la dimensión del bosque, la visión de conjunto que permite conclusiones fundadas.

Los nuevos partidos sufren problema de inmadurez e inexperiencia a la hora de sortear conflictos internos y centrarse en lo relevante. Vox aceptó el acuerdo con el PP en Madrid (Ayuntamiento) con un documento que no quieren enseñar, pero del que ya conocemos detalles. Imaginar que un papel firmado puede permanecer oculto varios días es ridículo. Si algo se quiere ocultar, que no se sepa, lo mejor es ni siquiera pensarlo y, desde luego, no escribirlo..

Es lógico que Vox quiera mantenerse en el foco y la tensión cotidiana pero para ello tiene que instalarse en la disidencia, aunque todo tiene límites. El sábado entregaron la alcaldía de Madrid al PP, y a renglón seguido han pasado al acoso, al victimismo. Pero perdieron su activo principal y tensar ahora la cuerda puede entregar la alcaldía a otra alianza, que siempre es posible tras una agitación intensa. Tiempo al tiempo. Les queda la baza de la Comunidad, para la que tienen que pedir compensaciones claras que pueden ir más allá de las que tolera la coalición preferente (PP y Ciudadanos). Tanto que no hay que descartar otra alianza alternativa con el PSOE ejerciendo de partido más votado.

En el lado de Errejón-Carmena, que más que un partido montaron un movimiento que necesita la plataforma del poder para consolidarse el engranaje de carmenistas (sin Carmena) y errejonistas, nada es sencillo, sobre todo si hay poco a repartir. El futuro de Carmena hoy está mucho más cerca del PSOE que de otra cosa, incluido el retiro. Y Errejón no anda lejos ya que atravesó el Muro de Berlín y está al lado de la Coca Cola, es decir tan cerca del PSOE como los veteranos del PCE de Carrillo (y el propio Carrillo desde la derrota de 1982. Errejón no viene del PCE clásico y camina al galope hacia la socialdemocracia ecologista que se empieza a llevar en Europa.

Los tiempos corren muy rápido y Pedro Sánchez y sus asesores saben interpretar por donde sopla el viento. A lo largo de los próximos siete días (hasta el martes 25) se cerrarán los pactos regionales que completan el cuadro previo a la investidura del Presidente del Gobierno para la que caben distintas arquitecturas y aritméticas. Las emociones están servidas, nada está concluido, Sánchez tiene distintas bazas y lo sabe. La resaca va a ser larga.