La nueva política: del cambalache a la extravagancia

El discurrir de las negociaciones a varias bandas entre los partidos con posibilidades para componer mayorías va del cambalache a la extravagancia. Es lógico, hasta cierto punto, pero de tanto sobar el balón pueden orientarlo contra campo propio. La larga fase de negociación, hasta el cumplimiento de los plazos preceptivos, es típico de negociadores poco experimentados que por apurar pueden extraviarse y fracasar.

Los plazos largos generan períodos basura durante los que las partes negociadoras hacen aspavientos y se mesan los cabellos (postureo) rechazando propuestas que, llegado el momento final, aceptan con variaciones de centésimas. Suelo aconsejar para las horas postelectorales, cuando se cierran los colegios, irse al cine (a una película larga) para que al regresar a casa la información gire sobre un voto escrutado muy representativo. Todas las horas anteriores (de las 20:00 a las 23:00), rellenadas por los medios con especulaciones en base a encuestas imprecisas, son tiempo perdido, mero espectáculo especulativo.

Respecto a la fase de pactos aconsejo algo parecido, ni caso a las declaraciones, machadas, órdagos y demás consideraciones durante el período de negociación, lo importante viene durante los segundos finales, previos a la cita a votar. De los pactos municipales probables no hagan caso hasta la mañana del sábado, cuando se compongan los consistorios y los electos vayan a votar.

Si los líderes políticos tuvieran autoridad y claridad en sus mentes, es decir principios, convicciones y estrategia, el esquema de pactos sería claro, aritmético, casi mecánico con especio para el factor humano. Como no es el caso la negociación entra en fases ambiguas propicias a errores y extravagancias. Por ejemplo la de repartir las alcaldías entre candidatos de dos partidos. Dos años para ti, dos años para mí. Un reparto que puede ser razonable para puestos de representación, composición o arbitraje, por ejemplo los parlamentos, pero no para cargos de gestión directa como las alcaldías o las presidencias de gobiernos que requieren programas, equipo, coherencia y estrategias, al menos, a medio plazo.

La pretensión de Ciudadanos de repartir la Alcaldía ¡de Madrid! Por períodos de dos años es extravagante, inconsistente, irresponsable. Se entiende que Ciudadanos quiera exprimir las oportunidades de su posición de bisagra pero con cautela, prudencia y sentido común. Un portavoz de Ciudadanos sostenía hace pocas horas que esa es la “nueva forma de gobernar”, una idea tan oportunista como estúpida. Con los socialistas los de Ciudadanos se reparten por mitades las alcaldías de Albacete y Ciudad real. Es un disparate que supone apostar por la inestabilidad y la inoperancia. Esta gente solo piensa en su persona y su partido con desprecio al interés general. Un disparate.