El Tribunal de Cuentas avisa: el rey (pensiones) está desnudo

No podía decir otra cosa. El Tribunal de Cuentas fiscaliza e informa sobre las Cuentas del Estado. Para eso está. Y reconoce lo obvio porque las cuentas son cuentas, números, balances, y no cuentos o relatos. El Gobierno (todos los gobiernos) dicen: “las pensiones están garantizadas”. Flatus Vocis, es decir palabras carentes de sentido. ¿Puede el Estado garantizar las pensiones?, ¿cómo?, ¿con qué recursos? Me recuerda al primer ministro irlandés cuando el año 2008 proclamó que garantiza todos los depósitos bancarios. Una machada insostenible que, probablemente, convence a muy pocos, quizá solo aumenta la desconfianza.

El Tribunal de Cuentas verifica los ingresos y gastos del sistema de pensiones, y concluye que los déficits acumulados durante lo que va de década (suma de déficits desde 2012) se aproxima a los cien millones de euros, financiados con las reservas acumuladas durante la década anterior y créditos del estado que hoy están vivos pendientes de regularizar algún día. El dato es incuestionable y las perspectivas para los próximos años es que ese déficit puede ir a menos, pero no mucho; el sistema precisará de nuevos créditos del Tesoro o de reformas (en plural) con efectos progresivos para buscar un nuevo equilibrio.

No conviene escandalizarse; el sistema ha funcionado y funciona; ha aplicado reformas a lo largo de los años que han dado buenos resultados y precisa de nuevas reformas que deben ir ancladas a la realidad, es decir a las expectativas de vida que extienden el período de prestaciones a los pensionistas y a la situación económica del país.

Hay razones y estudios bien fundados que desgranan las reformas necesarias y proponen un abanico de medidas, elegibles y graduables, para sostener el sistema que es esencial para la estabilidad social y el progreso. Los pensionistas presentes y futuros (se nota en las encuestas) tienen dudas sobre la sostenibilidad, pero confían en que disfrutarán de pensión, quizá algo menguada, pero con razonables garantías.

Lo que carece de fundamento es sostener que el sistema puede ser “más generoso”, es decir pagar más, a más gentes y por más tiempo. No es posible, las matemáticas exigen alargar las jubilaciones (y además introducir gradualismo y condiciones que vinculen cotizaciones y prestaciones. También que el estado asuma el sistema de prestaciones asistenciales a las que no se debería pensión, ya que ese concepto tiene que ver con el ahorro mediante salarios diferidos y no con subsidios ante situaciones de necesidad.

El aviso del Tribunal de Cuentas, obvio, objetivo, cuantificado, debe tomarse como tal, con urgencia y con seriedad. El sistema funciona, tiene futuro, pero necesita reformas, adaptación a las realidades. Se sabe lo que se puede hacer, lo que hay que hacer, las recetas son conocidas y exigibles. Solo precisan de voluntad política, de honradez y de compromiso con los ciudadanos.

La larguísima campaña electoral que puede estar tocando el punto final de esta época fue una buena oportunidad para plantear la cuestión de las pensiones. No se ha hecho, quizá porque exige dar explicaciones más largas de las habituales, más allá de un tuit y los asesores de imagen aconsejan evitar riesgos. Pero el rey (sistema de pensiones) está desnudo; se nota, aunque cada mes nueve millones de pensionistas reciben puntualmente la trasferencia de su pensión, y este mes con paga extra.