Pactos: órdagos antes de enseñar las cartas

El mapa político salido de las citas electorales de abril y mayo ha salido complejo y de tres y cuatro dimensiones: ancho, largo, alto y profundo. Apenas hay alianzas claras para conformar mayorías de gobierno y casi todos los supuestos requieren de tres voluntades, no siempre las mismas. La ventaja es que hay plazos y precipicios. El más crítico es volver a citar a las urnas legislativas, que es una hipótesis poco verosímil ya que puede significar el suicidio político de varios líderes y de algún partido.

De manera que día a día, semana a semana, desde hoy martes 11 de junio (Madrid y Murcia), al día 15 (Ayuntamientos) y hasta julio (gobierno de España) se irán materializando los pactos que habiliten gobiernos en tantas plazas como requieran acuerdos, que son muchas. Mientras se cumplen los plazos la negociación transcurre a base de órdagos y pases negros, que son armas habituales entre los jugadores de mus. Unos esconden las cartas para engañar al adversario y otros aparentan lo que no tienen para impresionar.

¿Serán capaces los de Vox de dar gobiernos a la izquierda por sentirse maltratados por sus posibles socios, especialmente Ciudadanos? ¿Será capaz Pablo iglesias de dejar en el altar a su colega Pedro Sánchez si no le entrega carteras ministeriales? ¿Renunciarán los de Ciudadanos a ocupar cargos posibles para sostener el mapa de incompatibilidades que dibujaron durante la campaña electoral? ¿Correrá el riesgo Sánchez de repetir las elecciones, aunque pinte bien para su marca, por regatear algunos puestos a Podemos?

El cruce de órdagos es el típicos de las partidas que van a la desesperada con unos vociferando y otros aguantando y eligiendo la mejor baza para ganar. Me parece que hay que hacer muy poco caso a las declaraciones y discursos de estos días; se desvanecerán como el hielo al sol en cuanto haya que mostrar las cartas cuando venzan los plazos.

Y si la batalla de los pactos para gobernar está siendo dura, no lo serán menos las que vayan a producirse entre gobiernos y oposiciones (variables) en el Parlamento nacional, en los autonómicos y en los Ayuntamientos. Lo difícil va a ser gobernar, gestionar, sacar leyes reformistas, resistir a los grupos de interés que van a encontrar interlocutores dispuestos a defender sus intereses.

La corrupción animó a los electores a negar mayorías absolutas y propiciar un modelo que exige acuerdos y vigilancias mutuas. Tras cuatro décadas de mayorías (de bipartidismo imperfecto) la democracia española imita los modelos del norte de Europa multipartidistas y de geometría variable, que requiere habilidades específicas y mucha madurez y consistencia en las instituciones. Todo ello supone aprendizaje acelerado, endurecimiento para que al final el resultado sea razonable… o no. De momento los acreedores internacionales confían en España, sobre todo por comparación.

Pasadas unas pocas semanas entraremos en un nuevo ciclo político caracterizado por el multipartidismo y por cierta debilidad de los gobernantes a todos los niveles. Una nueva experiencia que puede salir bien… o NO.