El apreciado voto de los regionalistas (PRC y PAR)

Los partidos regionalistas con poder de hacer la bisagra de gobierno han demostrado a sus votantes que merecía la pena otorgarles su voto. Sin ese poder (hacer posible un gobierno) esos partidos regionalistas, localistas, tienen solo valor emocional, testimonial. En ocasiones son partidos para llenar el hueco que deja el fracaso que dejan los grandes partidos; pero también cuenta su oferta como alternativa y complemento.

El PAR (Partido Aragonés, lo que regionalistas lo ha dejado de lado sin abrazarse al nacionalismo) apareció en escena con la democracia, a finales de 1977, y desde entonces ha estado presente en la política local, autonómica y nacional con carácter minoritario (entre el 10 y el 20% de los votos) y presencia en distintos gobiernos y mayorías ora con los socialistas ora con los populares. Su argumento siempre ha sido la defensa de los intereses de Aragón, amén de los factores personales que acercan a los dirigentes políticos. Las relaciones personales, afecto y confianza, pueden tener tanta influencia como los elementos ideológicos.

Ahora en Aragón sin ningún partido dominante (como en el resto de España) el papel de los partidos bisagras es determinante. Lo marginal tiene valor superlativo tal y como nos enseñaron los economistas clásicos. Y en el Aragón el PAR ha jugada su baza bisagra inclinándose en favor del PSOE. Lo hace por Javier Lambán (factor personal) y por el hecho de que el gobierno de España, el que hace los Presupuestos, es y será socialista (factor de interés). La consecuencia de esa decisión afecta a la otra bisagra aragonesa, a Ciudadanos, que por razones semejantes ve inviable la fórmula general del acuerdo preferente con el PP. De manera que los autonomistas-regionalistas-no nacionalistas excluyentes aragoneses, sin muchos votos son determinantes de la estrategia y oportunidades de los demás partidos. A esto deberíamos llamarlo “geometría variable” de la política española activada por la aritmética electoral. Los votantes del PAR perciben que su voto ha sido importante; les queda ahora verificar si eso sirve para mejorar sus condiciones de vida. Cuando otras alianzas entre los otros partidos, por la derecha o la izquierda, sumen el papel de los regionalistas se verá reducido a cero. Pero eso apenas ha ocurrido en Aragón donde el PAR ha cogobernado con PP y PSOE en media docena de gobiernos.

Otro tanto pasa ahora con el Partido regionalista de Cantabria, el de Revilla, que además de gobernar la comunidad tiene un valioso diputado en Madrid que puede valer el equivalente a mil millones en los Presupuestos. Cuando la fórmula local funciona hay réditos que ganar, aunque si funcionaria en todos los sitios (igualdad de oportunidades) el juego sería de suma cero, nadie obtendría ventaja; pero ese igualitarismo mecánico no forma parte de la naturaleza de las cosas, siempre hay alguien que se anticipa y acierta (o se equivoca).

Hay otros partidos regionalistas (En Asturias, Extremadura…) que concurren a las elecciones pero sin alcanzar una posición para ejercer la bisagra e inclinar el ángulo de la influencia en una u otra dirección. Si el caso de Navarra es crítico para la baraja de pactos que hay que despejar durante las próximas semanas, el aragonés marca tendencia y abre ventanas que parecían improbables.