Empleo, reforma laboral y expectativas

Un portavoz del Ministerio de Empleo invita al Banco de España a renegar de sus pronósticos sobre los efectos de la subida extraordinaria del salario mínimo. Me parece una simpleza, una estupidez. Si cada uno de los organismos de análisis tuviera que pedir perdón por sus equivocaciones (empezando por el Ministerio citado) no habría espacio para contener tantos golpes de pecho. Además tampoco es evidente que el pronóstico de los expertos del Banco de España estuviera equivocado. Tiempo al tiempo. Y si lo estaban… pues que bien, ante evidencias empíricas verificadas, consistentes, estaríamos en un escenario de aprendizaje parca rectificar, que es algo que supone inteligencia.

Pretender que los aumentos de salarios no inciden en el empleo es voluntarioso, un buen deseo. Si así fuera ¿por qué no seguir aumentando ese salario mínimo cada mes, cada trimestre, cada año? Templanza, por favor. Más vale trabajar juntos, debatir, consensuar conclusiones, respetar la diversidad de opiniones que exigir cuentas y señalar al que razona distinto. Insisto, templanza, por favor.

Al margen de la estéril polémica merece la pena reparar en los datos actuales de paro registrado y afiliación a la Seguridad Social; dos indicares de empleo que utilizan registros personalizados (los afiliados, los inscritos en oficinas de empleo) en vez de encuestas (como la de población activa), método no necesariamente más preciso.

La ventaja de los datos consistentes y de largo recorrido es que permiten medir tendencias y sacar conclusiones solventes. Los datos de mayo facilitados por el Ministerio esta semana son relevantes y positivos. El hecho de que se haya recuperado la tasa de afiliación máxima de la historia (julio de 2008) es esperanzador; desde el punto más bajo de la crisis (2005) la afiliación ha recuperado tres millones y pico de empleados, lo cual es muy buena noticia. Más aun, el dato cuestiona las críticas a las dos reformas laborales de 2011 y 2013, la recuperación de empleo y afiliación tras las reformas (han pasado seis años) es relevante; tanto que pretender echar abajo las reformas parece arriesgado. Otra cuestión es estudiar la puesta al día del Estatuto del Trabajador, un objetivo ambicioso, conveniente y quizá de difícil consecución. En estas materias sociales la vía gradual, el ejercicio de prueba/error, suele ser el método más eficaz por pragmático y poco conflictivo. Eso sí, sin descarta la oportunidad que supone una reforma a fondo para poner al día con una normativa que tenga en cuenta un proceso de cambio profundo que viven las relaciones laborales en el siglo XXI.

El segundo dato dado a conocer ayer: parados registrados, no es tan satisfactorio que el registro de afiliados. Aunque el desempleo sigue bajando, la cota actual (3,2 millones) queda lejos del mínimo de 2008, un millón por debajo, que es una cifra significativa. También lo es vaso medio lleno) la rebajo del paro (casi tres millones menos) pero la cota de parados es de las más altas de la OCDE, lo cual indica un mal funcionamiento del mercado laboral español y apunta la urgencia de una reforma que amplíe la empleabilidad, al margen de incidir sobre los otros dos aspectos críticos: la precariedad y los bajos salarios. Cuestiones ambas que merecen un debate serio, profesional y a fondo, tanto en el ámbito empresarial-social como en el político-legislativo.