El turno de Vox, con el riesgo de las 7 y media

Recta final de los pactos, al borde del último minuto que abrirá la legislatura y determinará su estabilidad. Todos los escenarios están abiertos con tres docenas de pactos pendientes con desenlaces inciertos. Una vez más se cumple el principio de que lo que es bueno para el bazo es malo para el hígado y nunca se sabe cuál es la alternativa menos mala.

La hipótesis de un gran acuerdo por las cúpulas que marque el camino a los demás acuerdos autonómicos y locales no parece viable, entre otras razones porque se trata de negociaciones en varias dimensiones, que implican a cuatro o cinco negociadores, con fórmulas incompatibles entre sí. El pacto de investidura y de gobierno nacional queda para la última fase, para julio, condicionado por todo lo anterior.

A lo largo de toda la semana en curso vamos a escuchar muchos órdagos y palabras gruesas, mucha retórica y posteriores rectificaciones argumentadas con más o menos fortuna. Todos se juegan muchos, su propia autoestima, y sobre todo lo que piensen sus militantes y simpatizantes, cuyas expectativas se verán defraudadas con desigual intensidad.

El caso de Vox es especialmente significativo. Sin duda es el quinto partido, pero no por ello menos determinante en algunos casos, especialmente en Madrid. Sin su concurso la capital, Ayuntamiento y Comunidad, van a Carmena y los socialistas. Para evitarlo los adversarios tienen que calcular el precio que están dispuestos a pagar y a aceptar. Como en el juego de las “siete y media”, si pujas bajo pierdes y si te pasas también. Si Vox traslada a sus votantes que, finalmente, han ayudado a la izquierda (justo lo que no querían) puede ser mortal para el partido, ya que reducido a la última fila de la oposición su visibilidad y utilidad será próxima a cero y eso significa un futuro muy oscuro.

Se debe entender que estos días los de Vox armen mucha bulla y adviertan a sus socios potenciales que no se van a dejar ningunear, que sus votos no están asegurados y que quieren más que una foto, que aspiran a un protagonismo proporcional a sus activos. Sus potenciales aliados también tienen que afinar ya que sirve el símil del juego de las “siete y media”. Perder Madrid puede ser fatal para los perdedores, el argumento de que dejarán abierta la puerta a una futura moción de censura es endeble, insuficiente por arriesgado.

En la escenificación del turno de Vox han recurrido a la impugnación inicial de los Presupuestos andaluces. Se trata de una baza negociadora ya que hay tiempo para rectificar y volver al consenso asimétrico en el que se sustenta en gobierno andaluz. Pero estos amagos se sabe cómo empiezan pero no como terminan.

Mientras Vox anda reclamando su cuota, Ciudadanos insiste en que no quiere nada de ellos, que lo arregle el PP. Pero si no hay acuerdos la fortaleza de Ciudadanos como partido bisagra saldrá debilitada y ganará puntos la tesis de que Ciudadanos es un gran perdedor del pasado proceso electoral, como Podemos, un partido dividido y debilitado, pero que puede obtener en el proceso de pactos una cuota de poder que aliviaría la desazón y sensación de fracaso.

Esta semana es para vociferar y la próxima para concretar; pero el riesgo de pasarse o quedarse cortos es elevado para todos.