Ciudades-Rivera abocados a mover ficha y aclararse

La próxima semana los pactos para gobernar el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid tendrán que quedar materializados en un documento o una declaración, y ese esquema condicionará el resto de pactos para el gobierno de varias Comunidades Autónomas y dos docenas de Ayuntamientos en ciudades importantes. De hecho pintará el mapa político o español para esta legislatura. Para julio, queda la investidura de Pedro Sánchez y los acuerdos que la sostengan. Concluirá así el ciclo político abierto desde las elecciones de 2015 en las que murió el bipartidismo de los gobiernos monocolores.

Para lo que tiene que ocurrir durante los próximos días la posición de Ciudadanos y de su líder Albert Rivera (que no ganó ni las elecciones de abril ni las de mayo) es determinante. La reunión hoy de la dirección de Ciudadanos se enfrenta a la decisión más importante de su corta historia. Puede optar por reducir los acuerdos únicamente al trío de Colón, a la derecha de los tres partidos, o intentar abrirse a otras posibilidades que pueden poner el riesgo cualquier posibilidad de gobierno o dibujar un mapa posibilita, pragmático e incierto como la vida misma.

Ciudadanos es decisivo para alguna de las alternativas posibles, pero también puede ser irrelevante si se quedan aislados y condenados a un papel político secundario durante los próximos años, una plazo demasiado largo para sobrevivir. Rivera ha llegado demasiado lejos pero puede tirar por la borda todo el capital político acumulado.

La percepción de Rivera y de Ciudadanos puede resultar confusa, desde sus declaraciones entre socialdemócratas y liberales de hace un par de años han pasado a una zona ambigua y confusa. Pretendió ser un partido de gobierno, algo nuevo, quiso desplazar al PP y competir con el PSOE. A principios de 2018 las encuestas le daban ganador, pero el paso de los meses y las decisiones estratégicas de Rivera han ido alejándoles de esa pretensión. Apoyaron los Presupuestos de Rajoy en 2017 y 2018 a cambio de nada. Fue el PNV el que obtuvo los réditos por su voto. No apoyaron la censura a Rajoy para quedar en el bando de los perdedores. Han perdido liderazgo y posición en Cataluña, de donde huyen, que era uno de sus activos. Y ahora se enfrentan A un dilema existencial.

Una opción sería asumir el papel de partido bisagra, como los liberales alemanes durante varias décadas del siglo pasado, pero eso exige unas habilidades que hasta ahora Rivera no ha acreditado. Negociar a dos bandas requiere talento, credibilidad y debilidad de los otros. ¿Es capaz de tanto Rivera? Lo vamos a comprobar en un plazo de días. Su posición es fuerte pero la actitud es confusa. Los otros partidos tampoco lo tienen claro, ni Sánchez, ni Casado, ni Iglesias se enfrenta a retos menores que Rivera, pero el que más tiene que perder es este último, se juega la relevancia y la utilidad.