Los pactos darán un resultado final del proceso electoral

PSOE

La partida política que abrió Sánchez en abril al concentrar dos citas electorales en el plazo de un mes (mayo) tendrá un resultado final cuando se consume el reparto de poder nacional, regional y municipal a finales de junio; hasta entonces el cuadro está sin acabar. Hay un dato incuestionable: el ganador es Pedro Sánchez y el Partido Socialista; el primero ha consolidado su liderazgo interno y externo. Lo que queda por dilucidar son las rentas (activas o pasivas) de los demás grupos políticos.

Lo que se va a poner a prueba durante las próximas semanas es la capacidad y la habilidad negociadora de todos los partidos y de sus líderes. Son demasiados actores e intereses como para concretar un pacto final con perdedores y ganadores, más bien vamos hacia varios pactos con distintos protagonistas e incierto resultado.

Sánchez quiere ser investido presidente de Gobierno con margen para componer un gobierno monocolor, es decir con pocas hipotecas. Puede lograrlo porque su aliado preferente, Iglesias, ha quedado debilitado con tendencia decreciente, con disensiones internas que, antes o después, exigirán responsabilidades políticas. Iglesias sostiene en el aire demasiados platos (familias, tendencias, siglas…) como para que no se caigan varios con estrépito. En el horizonte aparece un Vista Alegre III que recomponga la formación morada con cambios en la dirección y la estrategia. Para Unidas Podemos, en este momento, tanto riesgo tiene entrar en el gobierno con algún ministerio como quedarse fuera. Sánchez ha cocido a Iglesias a base de atenciones, de encuentros en Moncloa y conversaciones y mensajes telefónicos.

El PP de Casado ha superado el riesgo del desborde de Ciudadanos, pero tiene que resolver el laberinto del pacto con dos socios poco compatibles: Vox y Ciudadanos. El caso Andalucía era más simple que el doble pacto madrileño que, a su vez, está condicionado por otras tres docenas de pactos en Ayuntamientos, Comunidades y diputaciones. Lo posible en un sitio es inviable en otro. Un pacto globalillo parece inalcanzable y los acuerdos parciales trasladarán una sensación de incoherencias y contradicciones, es decir inestabilidad. PP y Ciudadanos no pueden ganar simultáneamente, al final habrá u balance de ganador y perdedor, que condicionará el resto de la legislatura. Tanto Casado como rivera tienen que concretar su estrategia postelectoral que, por el momento, es confusa, con alternativas que pueden llevar al éxito o al fracaso.

En cuanto a Vox cuentan con la ventaja de que parten de casi cero, pero el riesgo de no conseguir nada y confirmar la hipótesis de que sus votos fueron inútiles, a la basura.

Y al fondo de todo Cataluña, donde fracasó rotundamente Rajoy con su estulticia y donde pueden fracasar Sánchez, por ingenuidad y Casado-Rivera por su radicalismo. Los videos que esta semana están viendo el tribunal provocan una pregunta inmediata: ¿quién metió a toda esta gente, ciudadanos y policías, en semejante laberinto y disparate?

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