Batet, la Presidenta nº 13, ejerce de PSC

La Presidenta del Congreso hace la nº 13 desde que empezó la transición; la lista la encabeza D. Antonio Hernández Gil, preconstitucional, pero postfranquista, un jurista de autoridad que prestigio el cargo con discreción y prudencia. Bajo el manto de la constitución de 1978 se han sucedido doce presidentes (9 hombres y tres mujeres), seis salidos de los bancos del centro derecha (Fernando Álvarez Miranda, Landelino Lavilla, Federico Trillo, Luis Fernanda Rudí, Jesús Posada y Ana Pastor) y seis socialistas (Gregorio Peces Barba, Félix Pons, Manuel Marín, José Bono, Patxi López y Meritxell Batet). Todos menos tres (Posada, López y Pastor) con formación y experiencia jurídica en la catedra o el foro y todos con larga trayectoria política de partido. Y todos ellos han presidido la Cámara con claro sesgo de neutralidad política, con voluntad de presidir a todos los diputados dejando de lado preferencias de partido.

La neutralidad partidista es más que una cláusula de estilo, es un deber democrático e incluso una exigencia moral. Para la mitad de las legislaturas la mayoría absoluta del gobierno ha facilitado esa neutralidad en el ejercicio de la presidencia y en los otros casos el trabajo partidista se descargó en los portavoces de los grupos más que en la cabeza de la cámara. El sesgo partidista se empezó a notar con López y con pastor, pero ambos fueron capaces de compensar los gestos partidistas con una razonable neutralidad y máximo respeto a la ley y el reglamento.

La nueva Presidenta, Meritxell Batet, conoce las leyes y su naturaleza; es doctora en derecho y ha enseñado administrativo y constitucional durante una década. Lleva tiempo en política pero (parlamentaria desde 2004) pero no viene de las juventudes, tuvo otra vida civil. Y en política ha militado en el PSC sector catalanista-federalista incluso como para romper la disciplina del PSOE. Un añadido de color, la señora Batet practica danza, lo cual requiere templanza y precisión.

De manera que si hay que presumir de ella que sabe de leyes y de armonía y que habrá podido asimilar que presidir la Cámara obliga a tomar cierta distancia de la táctica del propio partido sin renunciar a los principios e incluso a la estrategia. No parece que vaya a ser ese el camino elegido por Batet en sus primeras decisiones. La apariencia de que la presidenta está haciendo política electoral y partidista con los diputados electos sometidos a proceso acusados de rebelión.

Batet sabe (se lo recordó su compañera Carmen Calvo) que tendrá que suspender a los diputados, antes o después, de manera que la resistencia es inconsistente, sirve solo a tácticas electorales y apariencias. La maniobra dilatoria de requerir dictamen de los letrados a pesar de la rotundidad de los escritos del Supremo, solo sirve para debilitar la autoridad de la presidenta del Congreso y sustentar la acusación de parcialidad.

¿Pasará a la historia Batet como la presidenta más polémica, más conflictiva y menos neutral de los trece políticos que han pasado por esa responsabilidad? De momento acumula muchas papeletas para ganar el concurso.

Coda: algunos se han mesado los cabellos ante la posibilidad de que líderes políticos procesados representen a sus partidos en las consultas del Rey para encargar gobierno. Es raro, casi extravagante pero ¿alguien duda de que el Rey sabe recibir y escuchar con mucho respeto, con mucha educación y mucha formalidad? La foto de Jordi Sánchez y Oriol Junqueras entrando en la sala de audiencias de la Zarzuela para salir luego camino de la prisión solo complica el relato a ambos personajes, no al Rey. La democracia es paciente, generosa y firme y el Rey lo ha acreditado.