El Congreso se atiene al guion ¿qué escribiría Wenceslao?

Si a Fernández Flórez (Wenceslao), a Azorín, a Camba o al mismísimo Valle Inclán les tocara escribir la crónica del Congreso tras una sesión inaugural de la XIII legislatura ¿qué saldría de sus agudas plumas? Material no les iba a faltar, desde las prisas para tomar asiento preferente y tratar de molestar al adversario, hasta la ristra de fórmulas descorteses para aceptar el cargo (y el sueldo) o las sucesivas incidencias en los encuentros entre diputados electros de muy distinta condición.

El espectáculo no ha desmerecido la sesión equivalente de la XII legislatura (enero de 2016) cuando el bipartidismo empezó a declinar dando entrada a nuevos grupos más pintureros que los precedentes. Entonces fueron los nuevos diputados/as de podemos y sus confluencias los que se encargaron de dar espectáculo para las televisiones. Compararlo con la sesión constituyente de 1977, cuando Pasionaria y Alberti formaron parte de la mesa de edad, es invitar a la nostalgia y a la decepción. Aquel si fue un espectáculo con emoción y moral, aunque los diputados fumaran como carreteros. Sirve para describir la respuesta de El Gallo a la pregunta ¿Cómo llegamos a esto?, “pues degenerando”.

La sesión no defraudó las expectativas de un buen espectáculo para llenar minutos de televisión. Ideas: pocas; formalidad: la precisa; malos modos: los habituales. El resultado es que arranca la legislatura con una mesa de gobierno de del Congreso que se parece a la anterior con la única (y decisiva) variante de que una presidenta socialista ha sustituido a la del PP. El mismo equilibrio que hace tres años (3+2+2+2) de los mismos grupos (PSOE, PP, Ciudadanos, podemos) aunque con preferencia a la izquierda.

Hay razones para estimar que esta no será una legislatura fallida como la XI, incapaz de investir a un Presidente; pero lleva implícitos elementos de inestabilidad e imprevisibilidad. Casi dos tercios de los nuevos representantes son nuevos, la media de edad no cambia: cuarentones; pocos mayores (28), algunos jóvenes (14 con menos de 30 años), casi la mitad de mujeres, y poco respeto a las formalidades, por ejemplo a la letra y espíritu de la aceptación.

El espectáculo lo dieron los electos sometidos a prisión preventiva que hicieron uso y abuso de sus derechos con la complicidad de buena parte de los presentes, empezando por los responsables del orden de la sesión. Los independentistas ocuparon todo el espacio escénico y desplegaron su batería de efectos especiales, incluido el saludo del jefe de ERC al presidente del gobierno y su equívoco comentario: “no te preocupes” que quiere decir lo que cada cual quiera entender. En resumen una sesión poco inspiradora de confianza, poco ejemplar, y muy indicativa de lo que podemos esperar: ruido, furia y malos modos. Por lo demás todo conforme al guion a efectos prácticos. Hay mesa, hay diputados y empieza el espectáculo. En la etapa de Wenceslao Fernández Flórez en ese mismo edificio llegaban a las manos, y el cronista de ABC sugería a su editor que enviara al redactor de sucesos. Ahora quizá sea recomendable enviar al de la crónica social.