Huawei y la guerra tecnológica (y nosotros mirando el dedo)

La confrontación entre las empresas tecnológicas mundiales, chinas y norteamericanas, constituye el acontecimiento más importante del momento de la política internacional (y por tanto de la nacional). Aparece como otra forma de guerra fría, un conflicto que unido a los manejos arancelarios que dejan a todas las cancillerías entre consternadas y estupefactas, con crecientes dificultades para entender y para explicar. No inquieta que los jefes de gobierno, los ministros, los líderes políticos pasen por el tema como sobre ascuas, evitando declaraciones y comentarios. Y otro tanto para analistas internacionales muy enterados que más bien miran el caso sin comentarios. Así que, ¿qué podemos decir los demás, careciendo de datos, de información consistente e incluso de opiniones fundadas a las que atender?

Solo podemos apuntar que asistimos a un nuevo tipo de confrontación fundada en la tecnología cuyas consecuencias son imprevisibles. Aparentemente Google y las otras grandes empresas tecnológicas de componentes encabezadas por Intel renuncian ahora a un mercado como el chino (del que antes aceptaron imposiciones políticas no explicadas) debe querer decir algo de lo que no han dicho nada. Sin explicaciones es difícil que los demás entendamos lo que está pasando, aunque es evidente que pasan cosas y que la diplomacia internacional de los negocios discurre por caminos nuevos.

Millones de ciudadanos usuarios y dependientes de estas nuevas tecnologías de las comunicaciones se preguntan ahora: ¿qué pasa? ¿han quedado obsoletos, casi inútiles sus aparatos? Nadie explica nada, nadie tiene respuestas.

La diplomacia de Trump se basa en un esquema negociador con el esquema del “yo gano, tu pierdes”, “yo impongo, tu aceptas”. Pero a la fecha ese juego no se ha demostrado. Trupm revisó el Tratado con los vecinos (Canadá y México) que , según él, era muy malo; en realidad el resultado ha sido muy parecido a lo que había; mera retórica. Las relaciones con los rusos discurren por una senda semejante. No así la relación con Europa que está congelada y dañada, a pesar de Macron que cortejó al presidente norteamericano sin resultados efectivos; tal y como advirtió desde primera hora la canciller Merkel, la mejor amiga de Obama, y la aliada más decepcionada de Trump.

Lo anterior es lo importante, lo que puede afectar al futuro antes o después; a nuestro futuro. Pero la agenda de los medios, la actualidad sigue girando en el escenario teatral del nuevo Congreso y sus extravagancias; las declaraciones ampulosas de los políticos procesados y la descalificación permanente de unos candidatos a otros para arañar unos votos que se les resisten.

La confrontación en Telemadrid de los candidatos para gobernar la Comunidad, áspero, frívolo, captó una audiencia del 6%, unos cien mil espectadores, la mayor parte de ellos con el voto muy decidido. ¿Cómo se explica que la cultura. La política exterior, Europa… no hayan merecido la menor atención en esta larguísima campaña político-electoral? La explicación más simple es que aunque el dedo señala la luna, la mirada sigue fija en el dedo.