Aunque le pese a Iglesias, Sánchez es el “puto amo”

Fue Guardiola, cuando entrenaba al Barcelona, el que puso de moda la expresión “puto amo” refiriéndose a su principal adversario: Mouriño, entrenador del Madrid, que perdía frente al Barça en el campo pero le ganaba ante los micrófonos para poner de los nervios a los culés. Florentino Pérez contrató a Mouriño para contrarrestar (incluso por lo criminal, dijo0 un comentarista muy blanco) la hegemonía del Barça de los “6 títulos”, un equipo que marcó época y estilo pero que tropezó con la resistencia sin cuartel de entrenador portugués, la lengua más afilada del futbol. Guardiola calificó a Mouriño de “puto amo” reconociendo de esta forma que el adversario le sacaba de quicio. Guardiola se asustó de su éxito y puso punto final a su mandato en el Barça antes de asomarse a la decadencia.

En la política española, caracterizada hoy por su penurias y debilidades, hay un “puto amo” y no es otro que Pedro Sánchez un político poco clasificable que asumió el control de un PSOE declinante y fragmentado para quedarse con todo el poder en el partido y en la política. Tuvo de audacia de poner punto final al gobierno Rajoy con una moción de censura que nadie advirtió. Y ha tenido la visión de disolver las cámaras e ir a elecciones en el momento más desfavorable para sus adversarios.

Sánchez, al frente del PSOE actual, ha ganado las elecciones y con 123 diputados (el 35% de la cámara) está en condiciones para ganar la investidura con pactos a tres bandas:

Una por la derecha (descartada hoy), con Ciudadanos; una baza que queda en la recámara para intentar utilizarla más adelante, según como vaya la legislatura y marquen las nuevas realidades hoy inimaginables.

Otra por la izquierda con el socio natural de hoy, Podemos, que está debilitado pero es imprescindible. El líder de esa formación ha puesto condiciones desde primera hora: ministerios. Sabe que sus votos son imprescindibles para Sánchez, pero también sabe que no puede imponer sus condiciones porque otras elecciones le pueden llevar al vacío. Además la alianza es insuficiente, suma hasta 165 (con los aliados catalanes y valenciano). Necesitan más aliados que pondrán condiciones que debilitarían la posición de Podemos.

Existe también la posibilidad de sumar a los independentistas de ERC (15 escaños) que jugarían a favor de Podemos, pero ese es un precio que Sánchez no quiere pagar porque puede debilitar su liderazgo en el partido.

De manera que Sánchez tiene varias oportunidades de desigual dificultad y riesgo. Mientras que los demás jugadores no tienen más baza que unirse a Sánchez o irse a una oposición de segunda mano, una vez que la primera la ocupa un PP debilitado pero que sigue siendo el segundo partido y, consecuentemente, la cabeza de la oposición.

El “puto amo” de la partida es Sánchez, con pocas cartas pero suficientes para ganar la mano a todos los demás. Manda Sánchez, otra cuestión es hasta cuánto.