Venezuela un conflicto nacional que es internacional

Las comparaciones suelen ser odiosas, a veces confusas y siempre inconsistentes, pero sirven para entender. El actual conflicto, que arruina a los venezolanos y les pone en fuga y fracaso, compara bien con la incivil guerra española. Como entonces a la crisis nacional se une una confrontación internacional, una disputa por la influencia en la zona, que complica la trama local para llevarles al precipicio. La implicación de Cuba, Rusia, China, Estados Unidos y los vecinos de América del Sur (Colombia, Brasil y Perú en primer plano) es decisiva para acentuar el conflicto, o para aplacarlo y colocarlo en un cauce de salida y solución. De momento domina la hipótesis pesimista, los de fuera complican la crisis local. También la incivil guerra española fue azuzada por la política internacional que no se esmeró por parar la guerra, todo lo contrario.

Hasta ahora la influencia exterior en Venezuela ha agravado el conflicto. El Actor principal en Venezuela lleva acento cubano; para los castristas la continuidad del chavismo es su principal apuesta política para que el régimen sobreviva. Sin los activos venezolanos el régimen cubano no se sostiene. De hecho el poder en Venezuela está ocupado por los cubanos que manejan los resortes críticos, el ejército y los servicios secretos. La invasión de Venezuela la han hecho, por ahora, los cubanos.

Allí también cuentan los rusos que defienden una posición de influencia lejos de su espacio natural en Europa y Asia. Además son importantes acreedores que quieren recuperar su dinero y defender un mercado favorable que les acerca al continente americano y les acredita como estado influyente con el que hay que contar.

Otro tanto para China, con papel aparentemente más discreto pero no menos influyente. Los chinos son los primeros acreedores de Venezuela. Sus créditos gozan de condiciones favorables (en demérito de los organismos internacionales) ya que están garantizados con suministros comprometidos de petróleo. La diplomacia china es astuta, silenciosa, a largo plazo, y en Venezuela se juegan mucho ya que fracasar les restaría influencia en todo el continente suramericano donde ya tienen muchos intereses comprometidos más allá de la ruta de seda. Los chinos pueden jugar un papel decisivo en la recta final del chavismo.

La diplomacia de los Estados Unidos y el propio Trump también se juegan mucho en Venezuela. Si pierden posición su influencia mundial quedará mermada y su hegemonía habrá acabado. Serán una potencia más, pero no determinante. Fracasar en Venezuela sería tan grave como fue la derrota en Vietnam.

Con este cuadro el papel de los venezolanos, de los chavistas y de la oposición, queda en segundo plano. Sin apoyo internacional el conflicto se desvanecería, el régimen militar que hoy es el chavismo no tendría futuro y las elecciones, más o menos amañadas, conformarían una democracia de baja calidad como tantas otras en la América del Sur. Hoy la oposición tiene los votos, aún dividida y enfrentada y el gobierno de Maduro tiene las botas militares, aunque con poco futuro si fallan los apoyos exteriores de Cuba y Rusia.

Mientras tanto Venezuela se desangra por todas las costuras, pierde población a borbotones, pierde potencial y capacidades, camina hacia la condición de estado fallido. Hoy Venezuela compite en pobreza efectiva con Haití, ha perdido en pocas décadas más de la mitad de su PIB, la pobreza se ha extendido y la recuperación, si es que llega, llevará décadas y mucha ayuda exterior a fondo perdido. Venezuela no puede pagar su deuda externa y precisa nuevas ayudas para iniciar la recuperación, incluida ayuda humanitaria urgente. El balance del chavismo es patético, pero el régimen resiste por la ayuda de sus socios externos que no se caracterizan por ser solidarios ni generosos con la población. El papel de España es esta tragedia es poco relevante.