EPA2019 y el mantra de la Reforma Laboral

Entre los tópicos (falaces) más frecuentes aparece la tesis (falsa) de que la reforma laboral de 2012 (y la previa del gobierno Zapatero) han causado la catástrofe de paro y precariedad que caracterizan el mercado laboral español, uno de los peores de la OCDE solo superado por el griego. Cierto esto último, el mercado laboral español es pésimo, pero falso lo primero, que sea por causa de la reforma laboral, esa que Pedro Sánchez prometió revertir en cuanto pudiera, esa a la que las gentes de Podemos achacan el paro rampante y esa de la que los demás partidos prefieren no hablar.

Los datos de la última EPA, la del primer trimestre de 2019, son elocuentes y contundentes, sobre todo si comparamos con los del mismo trimestre de 2013, seis años atrás, justo cuando los efectos de la reforma laboral del PP se pudieron empezar a notar.

A lo largo de estos seis años, que han sido de recuperación cíclica y vigorosa de la economía española, el comportamiento del empleo ha sido equivalente: recuperación. Por tanto cualquier comentario debe tener presenta que los datos son con ciclo a favor y que se debe tener en cuenta la coyuntura favorable.

Con esa salvedad y matiz hay que tomar el dato de que durante esos seis años la población activa no ha crecido nada (22,8 millones de personas) pero la población ocupada lo ha hecho en 2,85 millones de personas (17%); consecuentemente el paro ha descendido en una cifra equivalente, de 6,2 millones a 3,35. Casi tres millones de nuevos empleos suponen un dato relevante y positivo que permite concluir que en términos cuantitativos la reforma laboral no ha creado paro, no ha encogido el mercado laboral.

Los otros aspectos relevantes se refieren a la temporalidad y la precariedad que en términos globales se notan en el número de contratos temporales y/o a tiempo parcial. Los datos no permiten concluir que la reforma ha sido lesiva, los porcentajes apenas han cambiado. Si el año 2013 el número de contratos temporales sobre el total de ocupados era del 18% el año 2019 empieza con una tasa del 21%; y respeto a los contratos a tiempo parcial (más forzosos que voluntarios) los porcentajes son semejantes del orden del 16% en ambos períodos.

De manera que no se puede sostener que la reforma laboral haya precarizado o reducido el mercado de trabajo. Ha crecido (y mucho) el empleo, incluso a costa de la productividad que no mejora nada y constituye un problema y, hasta cierto punto, un enigma por resolver, sobre todo por el impacto de la tecnología en las formas de trabajo.

Otra cuestión es la referida a los salarios. Es evidente que primero el paro y a renglón seguido los salarios han sido las víctimas de la gran recesión. Los salarios cayeron del orden del 10% como media, con mayor efecto en los salarios bajos y menos cualificados y también en los salarios de sustitución, nuevos empleos frente a los jubilados. Pero también es evidente que a medida que las cifras de paro las exigencias salariales emergerán con fuerza. Todos los organismos internacionales coinciden ahora en que los salarios deben crecer para alentar el consumo, la demanda interna y rectificar desigualdades que están en la raíz de muchos problemas políticos y sociales.

Pero quede claro que las evidencias dicen que la reforma laboral no causó ni paro, ni más precariedad; que ha contribuido a la recuperación del empleo y que lo sensato es avanzar por ese camino hacia la modernidad y no retroceder a un pasado no deseable. La economía española necesita crear otros dos millones de empleos adicionales para consolidar la senda de convergencia y prosperidad. Ese debe ser el objetivo a medio plazo, dejar la tasa de paro en torno al 5%, lo cual pasa por crear esos dos millones de nuevos empleos a lo largo de un cuatrienio.