Los libros de Gregorio Morán y David Jiménez no deben pasar desapercibidos

Estamos en jornada “debate”, pero hasta que no acabe el segundo tiempo esta noche conviene esperar antes de opinar no vaya a ser que la impresión tras el primer tiempo cambia tras la segunda ronda. Tal y como están las posiciones estamos reeditando un bipartidismo entre derecha e izquierda representados por alianzas que sustituyen a los partidos del turno; donde decíamos PP ahora dicen PP-Ciudadanos-Vox y donde decíamos PSOE dicen PSOE-Podemos-y otros. La complejidad del multipartidismo con alianzas variables se reduce a dos fuerzas confrontadas. Aunque nada dice que la aritmética final del voto ciudadano imponga otras realidades posibles que ahora parecen imposibles. En política los contadores se ponen a cero cuando conviene.

Por eso, aprovechando el entretiempo de los “debates decisivos“, que pueden decidir muy poco, les llamaré la atención sobre aspectos de muy distinto cariz, en concreto dos libros recién publicados que no serán atendidos por los medios habituales por razones obvias, porque no les van a gustar a los jefes de esos medios. Primero el de Gregorio Morán editado por FOCA con el título: “Memoria personal de Cataluña”; y segundo el de David Jiménez, editado por Libros del KO titulado “El director”.

Algún amigo me dirá: ya estás con Morán, ¿qué te ha dado’. Pues nada, pero me ha interesado su obra desde hace décadas y fui leal lector de sus crónicas sabatinas intempestivas mientras duraron en La Vanguardia, casi 30 años. Algunas de esas crónicas son antológicas y muy recomendables para quienes se inician en este oficio. Además Gregorio Morán acumula una bibliografía imprescindible para conocer y entender el último medio siglo de la política española. Morán es ácido, intempestivo, a veces arbitrario pero siempre documentado y atrevido, valiente que es una especie infrecuente en esta profesión. Su último libro, breve (140 páginas) para lo que acostumbra, tiene traza autobiográfica, aunque no del todo, memorialista, aunque parcial, y ensayística con modo de panfleto que es un género difícil si se desliza a lo banal. Morán no es banal, nunca lo ha sido.

Su libro tiene tres capítulos, uno para explicar su largo avatar en La Vanguardia y la historia y personalidad de esa casa. Molestará a algunos, dirán que es una venganza, pero es más que eso y Morán tiene derecho a ello por la cobardía que acompañó su despido. El segundo para explicar cómo y cuándo se jodió Cataluña, con Jordi Pujol como protagonista principal y la izquierda catalana como acompañante; y el tercero sobre el reciente “procés” y la decadencia de Barcelona.

Se puede no estar de acuerdo con Morán, se pueden discrepar de sus tesis e hipótesis, pero eso requiere muchas explicaciones y razonamientos alternativos. Morán es un solitario, si me apuran un maldito para los del establecimiento, un individualista… pero es un periodista que se fija, que acumula papeles, impresiones, datos y sabe relacionarlos para llegar a conclusiones con fundamento. E insisto Morán es valiente y decidido. Les interesará el libro, cuenta cosas, propone conclusiones y sacude a diestra y siniestra.

El segundo libro, el de David Jiménez, efímero director de El Mundo entre abril de 2015 y mayo de 2016, también tiene carácter memorialista, algo de autobiográfico y mucho de ajuste de cuentas con acritud. Un testimonio demasiado apresurado y visceral que hubiera merecido un buen editor, pero que apunta algunos de los males que han arruinado el periodismo de las dos últimas décadas. Dejo para otra crónica la crítica de este libro que también me parece aconsejable por lo que describe.