El debate del debate en una campaña inane

Hoy y mañana los cinco tenores de la política nacional van a intervenir en TVE y A3-La6, para convencer a indecisos y no desanimar a decididos. ¿Qué cabe esperar de ambos debates? Sospecho que “más de lo mismo”, es decir poca cosa. Eso sí, con más contención en algunos y más arrogancia en otros. La experiencia dice que salvo personajes destacados (Kennedy, Obama, Reagan, Macron…) lo más que pueden lograr los candidatos habituales, más bien mediocres, es no cometer errores, no meter la pata.

Aznar sorprendió a Gonzalez el 24 de mayo de 1993 porque fue preparado frente a un Felipe agotado. Una semana más tarde, con la lección aprendida, González desbordó a Aznar para empatar la confrontación. Felipe ganó las elecciones con exigua mayoría minoritaria y agónica para una legislatura corta (la VI) descarrilada una vez que Pujol abandonó a los socialistas.

Los otros debates electorales de candidatos (2008, 2011, 2015 y 2016) que confrontaron: Zapatero-Rajoy, Rajoy-Rubalcaba, Rajoy-Sánchez y al cuarteto Sánchez-Iglesias-Rivera-Soraya , fueron más cohetería ligera que debate político de nivel. Quizá no decidieron nada del resultado electoral.

Para el debate de estos días las expectativas son limitadas, precisamente por el escepticismo y la distancia del electorado que, por un lado es consciente de una situación delicada y por otro confía muy poco en los lideres. El mejor valorado ¡Sánchez! anda por el 2,7 ( encuesta de Belén Barreiro ayer en El País) con un 40% de encuestados que consideran que la suya sería una pésima presidencia (el 21%, pronostican que será buena). En el caso del peor valorado esos porcentajes son respectivamente del 67 y el 10%. De manera que las expectativas de los electores son muy pobres, poca confianza y bastante desesperanza.

La génesis de ambos debates ha sido más cómica que política; un juego de pillo a pillo (sobre todo por parte de Sánchez) que concluye con un despropósito: dos debates consecutivos que solo van a servir para medir las habilidades de dos televisiones que aspiran a liderar la opinión: la pública en decadencia y una privada con aspiraciones y entusiasmo.

Estas elecciones están guiadas por el despropósito que empezó con la moción de censura exitosa y concluye con dos citas electorales, con todo el despliegue que supone el acontecimiento, en el corto plazo de cuatro semanas. Agotador despilfarro. A dos elecciones acumuladas dos debates equivalentes… todo desmedido, fuera del sentido común, la mesura y la prudencia y buena administración de recursos y emociones.

El domingo les recomiendo que se tomen con calma el escrutinio, que esperen a que los votos estén contados para sacar conclusiones, las encuestas han dejado muchos espacios abiertos e imprevisibles. Puede haber sorpresas que estos dos debates tan debatidos no van a despejar porque los personajes son los que son, al borde de un estado de nervios.

¿Alcanzarán la cota de los díez millones de espectadores? Sospecho que no. ¿Cuál puede ser más determinante? Hay quien piensa que tras el espectáculo de esta noche el de mañana puede ser sucedáneo o quizá sea al revés. Pasadas unas horas lo sabremos.