El bocazas de La Casa Blanca, hablar sin pensar, sin preguntar

Según reza el diccionario bocazas es aquel “que habla más de lo discreto”, y no es difícil concluir que en esa categoría compite en la división de honor el actual presidente de los Estados Unidos. La última oportunidad para acreditarlo ha llegado con la catástrofe de Paris, con el incendió de Notre Dame. El señor Trump tuiteó de inmediato que eso se apagaba desde el aire, con helicópteros. Una ocurrencia que en este caso no es de bombero, sino de bocazas. Si fuera prudente, discreto, el presidente se hubiera informado antes de hablar; pudo hacerlo, nadie tiene más recursos a su disposición que el inquilino de La Casa Blanca.

A Trump le sobran los expertos, le sobran los asistentes, se basta solo, es el más listo, el más efectivo, el mejor. Esa es su opinión, que los hechos no avalan, hay poco que pueda lucir el presidente como éxito personal, como aportación al progreso. Al minuto de su propuesta aérea todos los expertos advirtieron que eso era lo que no había que hacer, que en vez de resolver el problema lo complicaría agudizando la dimensión de la catástrofe.

La tragedia es que este tipo de excesos forman parte del repertorio del presidente, de su forma de enfocar los problemas. Son ya muchos los testimonios, los trabajos de especialistas y periodistas, que han revisado e investigado la forma de proceder del señor Trump para convenir que es un incontrolado,que habla antes de pensar y que escucha muy poco, sobre todo cuando la respuesta tiene alguna complejidad.

Detrás de ese estilo presidencial hay arbitrariedad, egocentrismo, despareció por la realidad. El problema es que esa es una enfermedad creciente, casi endémica en la política, no solo en los Estados Unidos. La simplicidad populista capta la voluntad de los ciudadanos, sobre todo los que en el futuro como amenaza, los que temen que lo que viene. No será mejor de lo que hay y cree que se puede arar el tiempo.

Vargas Llosa advirtió sobre el triunfo Del”espectáculo”y la mediocridad. Tenía mucha razón. Hoy es un dato que el espectáculo se ha apropiado del escenario político (la actual campaña electoral lo demuestra). Pero espectáculo ocupado por “bocazas” como Trump que pretenden ser los salvadores frente a globalistas, buenitas, socialistas y demás gentes antipáticas para los bocazas.