Sarpullidos por el debate electoral en A3-Sexta

El próximo martes habrá un debate electoral de candidatos de cabecera en una cadena de televisión, en Atresmedia. Será el proto-debate de esta campaña en la que los cabezas de lista se van a jugar la carta final para atraer (o repeler) cientos de miles de votos indecisos. Hay pocas dudas de que será el acontecimiento de la campaña y un examen de reválida para los cinco candidatos, todos ellos con posibilidades de llegar a ocupar plaza en alguno de los hipotéticos gobiernos de coalición que puede alumbrar la XIII legislatura de la democracia.

La fórmula del debate ha estado sometida a distintas alternativas que, básicamente eran cuatro: campaña sin debate; debate a dos, entre jefe del gobierno-candidato y jefe de la oposición-candidato; debate a cuatro conforme al teórico mandato (no existe) de la Junta Electoral, es decir con los jefes de los grupos parlamentarios previos, de ámbito nacional, que son candidatos; debate a cinco entre los candidatos que según las encuestas lograrán grupo parlamentario nacional en la XIII legislatura. El formato a siete (o seis) que incluyera a los candidatos de los grupos regionales (nacionalistas) no lo ha planteado nadie, aunque a seis lo alojará TVE esta semana con lugartenientes de los partidos, incluidos vasco y catalán.

Es obvio que la decisión de Pedro Sánchez era determinante ya que su intervención arrastra a los demás y el perímetro preferente para el socialista estaba llamado a ser el elegido. El formato a dos no interesa a Sánchez que prefiere, legítimamente, que la división de la derecha se escenifique en la pantalla. El debate a cuatro, el del espejo retrovisor, tenía el inconveniente de dejar fuera al grupo emergente y estrella de la actual campaña, lo cual solo interesa al PP y, quizá a Ciudadanos, que son socios lógicos para la coalición a la derecha y tratan de diferenciarse y no aparecer juntos antes de tiempo.

Que el formato a cinco iba a ser el preferido para los socialistas (salvo que decidieran no debatir) era bastante obvio desde el primer minuto. Quizá por ello los de Atresmedia, atentos a los tiempos y a las oportunidades, lo plantearon desde el mismo momento en que el presidente del gobierno disolvió la legislatura. Fueron los primeros en hacer su oferta y los más activos para activarla. Era la alternativa con mejores cartas y la que finalmente ha ganado. Lo ha hecho por inteligencia estratégica, por oportunidad y, también porque se lo han trabajado. Portavoces de Ciudadanos, Podemos y Vox me dicen que los de Atresmedia les han reiterado las condiciones del debate y su viabilidad. No ha sido esa la estrategia de TVE que apostó todas sus bazas a la benevolencia del Gobierno para otorgarles el encargo por ser vos quien sois. Sirve aquí la tesis de que la “tierra para el que se la trabaja”, y los de Atresmedia han cavado más que los de TVE.

El argumento de la televisión pública de que la junta Electoral les imponía el debate a cuatro es discutible, no hay constancia de ello. ¿No debían haber apostado por el debate a cinco y que la Junta actuara a posteriori? La cuestión de la proporcionalidad de los tiempos es discutible, se trata de una viaje norma de 1977 que tiene que ver con los repartos de los espacios publicitarios en la televisión pública cuando era monopolista. Luego el periodismo mostrenco (servil) ha extendido ese criterio a los espacios informativos, lo cual es un disparate profesional que la propia TVE debería elevar al Constitucional como violación del derecho a informar. Se trata de un criterio inconsistente que debe ser discutido y precisado desde la perspectiva del art. 20 de la Constitución. ¿Por qué no lo ha hecho RTVE? Lo ignoro, aunque señalo que la Asociación de la Prensa de Madrid y el colegio de Periodista de Cataluña lo hicieron ante el Supremo hace diez años con una respuesta formal y escapista del alto tribunal que alegó falta de legitimación de los recurrentes.

Entre los más llamativo del debate sobre el debate me parece que cuenta el recelo, la crítica, que ha levantado entre los medios tradicionales, los legacy, especialmente El País que publicó ayer (lunes) un asombroso editorial con afirmaciones tan insostenibles como que existe un protocolo no escrito sobre debates electorales desde 1993 (en realidad ha ocurrido de todo en cada campaña, desde que no hubiera debate a que lo organizara una entidad privada como la Academia de TV para ofrecerlo a las cadenas, o que se hiciera en una cadena sin presencia de todos los candidatos (Rajoy fue sustituida por su vicepresidenta Soraya Sáez de Santamaría). No hay protocolo, ni escrito ni tácito. Más extravagante es la pretensión de El País de que el debate en la cadena pública es más neutral que en otro medio. La antipatía del diario de PRISA hacia Atresmedia es tan manifiesta que les nubla el juicio y les conduce al ridículo. Otro tanto para la tesis de que el hecho de que Sánchez elija la oferta de Atresmedia radica en que Planeta (accionista de la cadena) es un pago indirecto por publicar recientemente su libro biográfico. El debate electoral es pobre, pero el que protagonizan los medios alcanza lo ridículo.