Ministro Borrell: balance de una entrevista

¿Era consciente el ministro Borrell de que había aceptado una entrevista complicada? ¿Se había preparado? ¿Disponía de información sobre lo que le esperaba? Solo él y su equipo pueden responder a estas preguntas, pero la impresión que da es que no, que afrontaron un compromiso más, con insuficiente preparación.

El balance de la entrevista, desde la perspectiva del que la ve, es que el ministro fue sorprendido y zarandeado. Que el entrevistador dominó el tempo y el ritmo, que impuso su relato, por endeble, superficial y prepotente que fuera; y que el resultado final no es bueno para el ministro español, y para su causa.

El “procés” ha puesto en evidencia las debilidades del Estado, la insuficiente preparación para hacer frente a un problema que viene de lejos, que tiene mucha profundidad y que requiere más preparación, más dedicación, más pedagogía y más autoridad.

El entrevistador alemán es un duro, un tipo con oficio que prepara su guion y que no se anda con contemplaciones. Su técnica es la de machacar, martillo pilón, seguro de su verdad y de sus datos, aunque tengan mucha averías.

La afirmación del periodista alemán de que el CIS dice que el 75% de los españoles quieren reformar la Constitución (implícitamente se entendía que para dar satisfacción a la demanda de los independentistas) tenía muy fácil respuesta, incluso por reducción a lo absurdo o al ridículo. Ni el dato es cierto, ni está bien interpretado; bastaría con señalar al interrogador si imagina algo semejante en su país.

Pero el experimentado y buen dialéctico ministro José Borrell se vio desbordado, no era ese el libro del que había ido a hablar… y perdió los papeles. El periodista se salió con la suya, noqueó al entrevistado, se impuso. El ministro volvió a sentarse y a responder pero con un tono desapacible, desencajado y, finalmente, derrotado.

No es tema menor, pone de relieve que los viejos prejuicios sobre la España atrasada, inculta, pre-democrática siguen vigentes en no pocas mentes europeas que se muestran con arrogancia e insoportable superioridad. El periodista llegó documentado pero con verificación insuficiente. El ministro puedo haberle desmontado porque tiene conocimientos, experiencia y talento para ello. No lo hizo, no le salió. Probablemente por información incompleta, por poca preparación, por exceso de confianza.

El caso solo tiene un valor, una ventaja: la lección que se aprende con el fracaso. Este caso ha sido un fracaso y los políticos deben aprender de la experiencia. Hay que preparar las entrevistas, hay que estudiar al entrevistador, el escenario y anticipar el guion y los riesgos para ir bien equipado y salir airoso.