Pensiones: la ministra Valerio y el secretario de estado Granados

El secretario de Estado de la Seguridad Social, Octavio Granados, es un socialista de cuna, sin fisuras, con lealtad acreditada y, además, muy competente en su materia: la Seguridad Social. Su compromiso con el sistema público de pensiones es inequívoco. Además es un tipo directo y claro que no suele hablar a humo de pajas ni se deja llevar por coyunturas o calenturas. Comparado con su ministra es la persona serena del ministerio, el que sabe de su materia y al que escuchan los que saben.

Esta semana pasada Granados abrió un debate que anda latente entre cuantos conocen el sistema y saben de sus debilidades y oportunidades: las pensiones de viudedad, que representan en torno al 25% de los titulares y el 20% del gasto.

En la búsqueda de soluciones al déficit crómico del sistema (18.000 millones € año) algunos han apuntado que el Estado asuma desde el Presupuesto todas las pensiones de viudedad considerándolas pensiones asistenciales y no contributivas. Es una propuesta radical que no ha pasado el corte del debate inicial; pero es una propuesta con argumento, sobre todo pensando en pensiones futuras, con modelos familiares distintas a los del pasado. La figura de la viuda que queda desamparada tras la muerte del cónyuge, cabeza de familia y único perceptor de rentas, no será lo habitual en un futuro inmediato. Y ese cambio social requiere análisis, estudio, conclusiones prácticas.

Granados no se dejó llevar por una ocurrencia, dijo algo de fuste que hay que considerar, analizar, profundizar… por razones de equidad y de eficacia. La forma en la que la ministra ha despachado el tema traslada a su lado la ocurrencia, la irresponsabilidad, la ligereza y el populismo. La ministra dice que ella está para subir las pensiones, no para revisarlas. Su comentario requiere de dos preguntas previas: ¿Con qué dinero? ¿Por cuánto tiempo? La displicencia de la ministra con el secretario de Estado demuestra incompetencia y mala educación. Sospecho que a Octavio Granados, a estas alturas, le importa una higa, entre otras razones porque sabe que tiene razón y probablemente recuerda la máxima. “perdonadla, no sabe lo que dice”.

Uno de los grandes fracasos de las dos últimas legislaturas fallidas, la XI y la XII, es la liquidación del Pacto de Toledo y la incapacidad de proponer una política realista de pensiones públicas contributivas y universales. El sistema es viable si se corrigen las ineficiencias, si se ajustan los procedimientos, valoraciones y ponderaciones a las nuevas realidades de la sociedad española, al envejecimiento (longevidad) y a las nuevas formas de familia. Algo que pasa por poner coto a situaciones de manifiesta desigualdad. Granados va por el camino del sentido común y la equidad, la ministra se desliza hacia la demagogia irresponsable. Puede argumentar que en campaña electoral no se hacen olas, pero ¿cuándo no es campaña electoral?