Indepes: triquiñuelas para sostener el globo

El gobierno salido de la moción de censura, el de Sánchez, optó por la estrategia de “desinflamar” procés, lo cual requiere mirar para otro lado, no responder a las provocaciones, concesiones aparentes, dejar hacer… El modelo anterior, el de Rajoy discurrió por la indiferencia, por advertir y amagar sin responder, por hacerse el sordo o el don Tancredo. Ambos modelos han resultado fallidos, no necesariamente catastróficos pero manifiestamente insuficientes. El “procés” se ha estrellado, pero no se ha desinflamado ni se ha apagado.

El discurrir del juicio ante el Supremo va dejando al descubierto todas las actuaciones de los “indepes” coordinadas y dirigidas desde el gobierno de la Generalitat y las organizaciones afines, practicadas con la astucia que reclamó Artur Mas en vísperas de quedar fuera de juego aunque comprometido con la aventura. Con astucia escondieron pagos, disimularon órdenes, difuminaron evidencias… pero todo va emergiendo ante los jueces hasta componer un cuadro que aunque incompleto resalta evidencias embarazosas. Se nota en las argumentaciones y preguntas de los abogados defensores, formuladas desde una arrogancia que provoca sonrisa y cierta pena por su debilidad.

Al otro lado, en el del gobierno Torra sigue la estrategia que La Vanguardia llama de “gesticulación”, a la que trata de quitar importancia, como si fueran niños traviesos que no saben bien lo que hacen.

El presidente Torra (¿qué pensarán los catalanes no abducidos por el procés de la inteligencia y capacidad del personaje?) se comporta como un activista testarudo que explora los límites de los mayores, del gobierno Sánchez, de los jueces, de las instituciones y hasta de su propia parroquia.

La resistencia a catar el mandato de la junta Electoral Central resulta infantil, insostenible (salvo que se tolere tanta insolencia para desinflamar). Los comentarios de la ministra portavoz, como madre que reprende a un niño caprichoso e irritado) producen cierto bochorno. Torra mete en danza al defensor del pueblo catalán que, enfático, da lecciones a los españoles, al gobierno y a todo quique, para acabar recomendando al presidente catalán que acate el mandato de la junta Electoral pero más tarde, con pataleo y desconsideración.

Como se lo toleran no será más que otro episodio de triquiñuelas y tomaduras de pelo al Estado, al gobierno, al poder judicial… que se repetirán porque le dejan, porque sostienen el activismo estéril y quedan bien en los noticiarios siempre ansiosos de confrontaciones tan emocionantes como intrascendentes. El “procés” está muerto por su propia incompetencia e insustancialidad, no porque le hayan derrotado sus adversarios sino por su levedad. Siguen manteniendo el globo en el aire a base de soplar hasta que pinche y frustre a la su expectante, devota y disciplinada parroquia.